miércoles 18 de junio de 2008

continuación capitulo III

Los empalmes de las cadenas que sujetaban las muñecas estaban obstruidos por la presión de los clavos. Las muñecas detrás de la espalda transformaban en una menudencia el esfuerzo que el prisionero realizaba para liberarse, al tanto que seis guardas fuertemente armados contenían al hombre, ahora convertido en animal.

A las afueras de la mansión, las llamas se esparcían a lo lejos con el aire y como una lluvia incandescente el fuego sellaba la noche con ardientes chispas y una humareda que tapaba incluso a las estrellas. El fuego devoraba el edificio poco a poco, los soportes de madera debilitados cedían ante el peso y uno tras otro iban cayendo pedazos de la morada sobre los ardientes suelos, mientras que las detonaciones del fuego aminoraban cualquier otro sonido que no fuera el crepitar de la madera, incluso si una decena de hombres hubieran gritado esa noche, la mujer y su hijo no habrían logrado escucharlos.

Milena!

La mujer tomó al bebe en brazos y envolviéndolo en una manta húmeda pudo salir del infierno de aquella habitación, solo para entrar a otro que le otorgaba escasos segundos para tomar de nuevo una decisión de vida o muerte. El fuego no mostraba salidas y las opciones se consumían rápidamente. Los pasillos tantas veces recorridos en tiempos de tranquilidad parecían tan desconocidos en momentos como este y en la mente de la madre lo único que lograba permanecer latente era la desesperación de salvar la vida de su único hijo.

Milena!

El hombre no podía entrar para salvar a su familia. Se necesitaron de varios pares de brazos para contenerlo ya que mientras más ardiera el fuego, más fuertes serían sus intentos para salvarlos, mas todo resultaba inútil. Todo esfuerzo era vano en comparación a la calma desmedida con la que los guardias sujetaban a su apresado y sólo el morbo del capitán que los dirigía superaba por mucho el cansancio acumulado en hombros y antebrazos de sus elementos quienes no iban a permitir que su presa se desmayara, aquellos disfrutaban al verle sufrir y derramar las lágrimas de desesperación como pobre respuesta ante los gritos de su esposa y el llanto de su primogénito. Era una ejecución para los inocentes de adentro y la peor de las torturas para el esclavo de afuera.

Milena!

Adentro, Milena no podía escuchar el llamado de su marido, aún cuando este le llamara con la vehemencia que desbordaba con espuma y sangre por la boca. Ella necesitaba de él, necesitaba de su protección y no estaba ahí para salvarles de morir calcinados; pronto la mujer se vio acorralada a pesar de que la casa era grande y no tuvo más opción que aparragarse a una esquina cercana, con el hijo en brazos se resignó a aceptar el final, no sin antes librar a la pequeña criatura de sentir las llamas extinguir su pequeño y frágil cuerpo, la madre envolvió el rostro de su hijo y mantuvo presión por unos minutos hasta que el pequeño pecho dejó de latir y hasta que el llanto cesara por fin debajo de la tela ahora reseca. Mantuvo al niño cerca de su pecho, sin soltarlo, poco a poco el fuego fue envolviéndolos a ambos acercándose con el dolor de mil infiernos. La madre gritó por última vez a pesar de la cara enrojecida y las llagas reventadas cerca de las comisuras de los labios.

Drakeee!

El caballero despertó sudando. Sin importar que la noche anterior una lluvia refrescara el ambiente, la mañana era de lo más calurosa, tan calurosa como las llamas de aquella noche con la que había soñado nuevamente. El caballero comenzó a llorar desesperadamente, sin poder encontrar alivio a su pesar golpeaba la pared de junto incansablemente hasta que el dolor pudiera por lo menos distraerlo unos instantes de la pesadilla que se había vuelto realidad años atrás y de la que nunca podría despertar.

Milena… hijo mío…

Drake dormitó hasta pasada la mañana. El sueño de aquella noche le había estropeado el apetito y del anhelo de aprovechar las horas del día. Casi poco o nada le levantaría de su letargo hasta que escuchó un sonido que ansiaba desde hacía poco más de tres meses, el sonido de pesados contrapesos que liberaban seguros oxidados. El eco de los cerrojos retumbó por toda la plaza y logró escabullirse hasta la habitación de Sir Drake. Sigfried lo había conseguido, los cerrojos estaban abiertos y tras de ellos las puertas anunciaban el crecimiento en razón de la mente del joven aprendiz.

Sigfried estaba ligeramente cegado por la luz del día. Tanto tiempo en cautiverio imposibilitó el uso adecuado de la vista. El aspecto físico del muchacho estaba acrecentado ligeramente; no fueron del todo desperdiciadas las noches enteras que pasó acomodando pesados libros, anaquel tras anaquel.

Sigfried se acercó al origen del sonido, al escuchar los cascos de metal en las botas de Sir Drake. Al estar de frente, el maestro pudo notar en su alumno un brillo distinto al que tuvo al momento de entrar a la primera torre. Sigfried había logrado comprender la lección que le otorgó la libertad.

Bien Sig. Donde encontraste la llave? –

En el cerrojo se encontraban tres símbolos, al trancar las puertas los símbolos tomaron el orden de Libertad, potencialidad y honor de izquierda a derecha respectivamente. Para poder salir, solo tuve que invertir el lugar de la libertad con el del honor y los seguros fueron liberados –

Y cómo llegaste a esa conclusión? –

La libertad generalizada en un sentido impreciso tiene potencialidad de desembocar en un honor individualizado. Pero solo el honor de cada individuo, puede progresar a la libertad generalizada –

Así es. Es más difícil conseguir la libertad a partir del honor, pero no es imposible. Y cómo supiste el significado de cada símbolo? –

No lo supe. Simplemente me fije en las marcas de los libros que tuve que leer para comprender todo esto, lo demás, fue gracias a las palabras grabadas de la maestra Zuria –

Es curioso que le llames de ese modo, pero estoy seguro de que le hubiera encantado tenerte de alumno. Y dime, lograste encontrar la respuesta a la pregunta que te hice al principio de tu cautiverio? –

El peso de la espada…? no maestro. No pude encontrar respuesta para su pregunta, pero algo me dice que la encontrare en las siguientes torres –

Es posible, sin embargo no vas a entrar a las siguientes torres por un tiempo. Por ahora aprenderás a usar la espada y vamos a empezar a medir tus reflejos, debes estar algo entumido después de tanto tiempo –

El almuerzo duró poco. Sigfried no estaba seguro si debía sentirse ansioso bajo la noción de sostener un arma entre las manos, qué pensaría su padre? Estaría orgulloso? O se dejaría llevar por la constante preocupación de su madre, quien creía que la violencia era algo que el hombre había inventado pues no cabía dentro de la sapiencia de la naturaleza. De cualquier modo, el nerviosismo y la espera por fin colindaban en el mismo punto, por fin Sigfried pondría a prueba de lo que era capaz, más haya de el trabajo de campo, más haya de una vida de tranquilidad y de juegos infantiles, de cualquier modo a Sigfried siempre le atrajo la adrenalina de la aventura, pese que para ello tuviera que hacerlo a solas, dado que no era costumbre de sus compañeros arriesgarse desde tan temprana edad para tan poca retribución. Que importaba ahora, Sigfried estaba empezando su vida, la vida que había elegido hace cinco largos años. – Falta poco… - .

Perdón maestro, dijo algo? –

Eh…? No Sig. No dije nada, acaso escuchaste algo? –

N…no, creo que sólo fue mi imaginación –

Bien, ahora que hemos comido y descansado, realizaremos un pequeño ejercicio para medir tus capacidades, de ahí, el trabajo duro tendrá una dirección y un objetivo claro. Espérame aquí por favor –

El maestro abandonó a Sigfried por unos instantes para regresar al viejo templo y una vez ahí localizar el cuarto de armas. Sigfried se quedó a orillas del lago, en el pequeño y carcomido muelle de la isla, el agua estaba tranquila, tanto que las olas apenas podían percibirse y la usual neblina que envolvía a la isla parecía haberse tomado de igual modo un descanso esa tarde, el pueblo a lo lejos se encontraba despierto a plena hora de sus actividades. Si Sigfried se esforzaba un poco, estaba seguro de que podía escuchar el murmullo de la gente que ahí habitaba, aún cuando no pudiera entender lo que decían a lo lejos. – Falta poco… -

Sigfried volteó de inmediato pero no encontró a nadie ahí, salvo la maleza y el pasto sobrecrecido de la orilla. El ligero cúmulo de árboles estaba tranquilo y por sus ramas el viento susurraba pausadamente, pero fuera de eso el silencio era casi perfecto. Sigfried se puso de pie con cuidado, el peso de sus piernas rechinó con la humedad y los amarres viejos, cuando estos cesaron Sigfried se mantuvo atento a cualquier otro sonido cercano.

Nada, no había nada cerca. No pasó mucho para que Drake regresara con las herramientas de entrenamiento. Dos armas largas de madera y dos pequeñas dagas hechas con el mismo material.

Todo bien Sig.? Te veo algo agitado –

No se preocupe maestro, me puse de pie cuando escuche su llegada –

Bien, permanezcamos en este lugar, el ambiente está fresco, eso nos ayudará a entrenar por más tiempo sin fatigarnos tanto, déjame explicarte lo que he traído –

“Estas dos, las espadas largas, son espadas que pueden usarse tanto con una como con ambas manos, son las preferidas en su mayoría por los caballeros, pero no son tan fáciles de usar y representan un peligro incluso para quien las porte, pues el filo del arma rodea sus dos direcciones, aunque también de eso depende la principal característica de estas espadas, la libertad de no tener un camino a seguir, no hay necesidad de empuñarla en sola una dirección, es la misma espada quien dirige la fuerza del caballero. Ahora bien, estas dos pequeñas, se llaman “Preo” como puedes ver sus dimensiones son tan cortas que ni siquiera alcanzan los quince centímetros, estás sólo las vas a encontrar talladas en madera y no son muy conocidas, más que nada las utilizábamos para acostumbrarnos asir una espada y para entrenar las muñecas y las manos y posteriormente aplicar la experiencia obtenida con las espadas reales”

Primero usaremos las espadas largas. Iremos despacio, sostenla con cuidado y siéntete seguro de ella, olvida por un segundo que es de madera, concéntrate en imaginar que se trata de una real y pronto notarás como el peso del arma cambia y tu propio brazo irá ajustando la fuerza necesaria para sostenerla. En cuanto a la postura de inicio, quiero que improvises; por ahora no nos centraremos en ese aspecto, pero cuida de tener un buen equilibrio y de no estar incomodo, que sea una postura que te permita mover las rodillas y los pies en todas direcciones, de igual modo mantén la cintura relajada y la vista al frente, con esos puntos básicos deberás encontrar tu zona de guardia. Ahora bien, Iniciaré atacándote con un solo movimiento, la velocidad será lenta te lo aviso, pero después de ese ataque vendrán dos más y la velocidad habrá aumentado, posteriormente a esos dos vendrán otros cuatro con mayor rapidez y así iremos sucesivamente hasta que yo lo considere necesario, hasta que tú te canses o bien, si algo más determina el final del encuentro. Estás listo? –

Listo maestro –

De acuerdo, aquí vamos Sig –

Drake inició el ataque como había predicho, lento y suave con ataque frontal directo a la cara, simple pero elegante y con la fuerza necesaria para que Sigfried tuviese que valerse de las dos manos para soportar el peso. Sigfried demostró un reflejo natural, giró la hoja de la espada para poder sostenerla. El caballero se retiró con un paso detrás sin bajar la espada proyectada contra la de Sigfried, con la postura firme, bajó su espada hasta detrás de su rodilla derecha y dando una media vuelta realizó un ataque lateral que Sigfried apenas alcazo a rechazar, la conmoción del ataque le distrajo y el joven había olvidado que en dicha ocasión serían dos los ataques, por lo que no le alcanzo el tiempo para bloquear el segundo, Drake no detuvo el impulso de la media vuelta y antes de que perdiera la inercia conectó un golpe al otro costado de su alumno para luego retirarse a una distancia de al menos dos cuerpos. Sigfried estaba frustrado de haber recibido ese golpe, pero antes de que ese sentimiento le invadiera y se mezclara con el miedo y el ardor en sus costillas, recobró la postura y los siguientes cuatro ataques fueron bloqueados, apenas con la destreza suficiente.

El entrenamiento hasta completar la primera hora de combate. Sigfried ya no lograba contar el número de golpes y su cuerpo difícilmente soportaría más golpes de la espada de su maestro. Para esos momentos, los ataques de Sir Drake eran tan veloces que Sigfried se limitaba a cerrar los ojos en contadas ocasiones como reflejo cuando se percataba de que el impacto era inevitable. Fueron más los golpes que encontraron los brazos, el abdomen, los costados e incluso las piernas de Sigfried, que los que alcanzo a desviar por escasos centímetros. Hasta que Sir Drake se detuvo, al notar el cese, Sigfried pudo dejarse caer sobre los tablones del muelle, con el pecho agitado y el sudor escurriendo por galones.

Bien Sig. Esto ha sido un gran avance, te felicito, tienes potencial –

Sigfried se limitó a usar la boca para jalar grandes bocanadas de aire, en una de ellas sonrió ligeramente para agradecer el comentario de su maestro, aún cuando sabía que su maestro estaba siendo condescendiente después de haber ofrecido una pelea tan patética. Sigfried pudo incorporarse poco después de un rato y Drake le acompaño a su lado para enjuagarse el rostro y las manos y para remojar los pies en el agua fresca del lago.

Te encuentras bien Sig? –

No se preocupe maestro, estoy cansado, es todo –

Te di una paliza verdad? Ja ja ja –

Ja ja, si maestro, espero por lo menos algún día ser la mitad de bueno de lo que es usted. –

No te preocupes, me superarás ya lo verás, pero llevará tiempo y esfuerzo –

Me pregunto si a mi padre le costo tanto trabajo como de seguro me tocará a mi –

Míralo de este modo, mientras más entrenes, más hábil serás. Lo que me recuerda, alguna vez Arthur te enseño a empuñar la espada? –

Hmm no maestro, mi padre terminó regalando la espada al herrero del pueblo antes de que mi madre le permitiera enseñarme –

Ja ja, esa madre tuya, Arthur y tú son muy afortunados lo sabías? –

Je je, supongo que tiene razón maestro –

Te lo preguntaba por que tu postura y algunos de tus movimientos me recordaron a la forma que utilizaba tu padre, el final no era perfecto, pero era el inicio de tus movimientos lo que me resultó familiar –

En serio maestro?–

Por eso debes sentirte bien Sigfried, tal parece que serás del estilo Draiden –

Draiden…? –

“Deja que te explique, sin importar la escuela a la que el caballero pertenezca, existen solamente seis clases de estilos diferentes a los cuales el aprendiz puede amoldarse, estos estilos no están delimitados únicamente por el carácter del caballero, sino también por sus habilidades y capacidades físicas. Es algo complicado, pero tratare de resumírtelo un poco. Los seis estilos se dividen primero de acuerdo a la mentalidad del caballero, es decir, ataque o defensa. Los tres estilos de ataque son: Doppel para velocidad, Dassel para la fuerza y Jolt para la agresividad. Para la defensa existen sus contrapartes que son: Gaudi para el balance, Grisso para el control; aunque no es casualidad que se le haya llamado así en honor al dios Grisso, este estilo es de los más complicados de aprender, pero para aquellos que le dominaron, difícilmente alguien pudo hacerles frente; y por último Draiden para el contraataque, el cual es tu caso sino me equivoco.

Estas seis clases son llamadas a su vez estilos puros; y por cada estilo puro existen dos descendientes o variantes, con excepción del estilo Gaudi, que únicamente posee una variante, el caballero bien puede convertirse en maestro de un estilo puro, o evolucionar a los estilos descendientes, pero de ellos te contaré más adelante.”

Qué estilo es ud. Maestro? –

Bueno, yo soy del estilo Gaudi, aunque me especialice en la descendencia Rappel –

Y eso que quiere decir? –

Quiere decir que tengo la capacidad para combinar la espada con las artes mágicas –

Magia? Se refiere ud. a la magia que se cuenta en las leyendas? –

Bueno, no ese tipo de magia. Es una historia bastante larga, pero puedo decirte que gracias al estilo que poseo puedo cortar todo tipo de metal, incluso roca o diamante, aunque no sea propiamente un mago, si puedo atribuirle a mi espada la capacidad de cortar cualquier cosa –

Existe alguien como ud? –

Si. El capitán de los trece fue quien inventó ese estilo y fue él mismo quien creó la variante. Nunca existió alguien que pudiera comparársele –

Ni siquiera ud. maestro? –

Así es, ni siquiera yo Sigfried –

viernes 9 de mayo de 2008

continuación capitulo III

Año cuadragésimo de nuestro señor de Bramen. Hoy se cumplen doscientos sesenta y tres días a orillas del continente de Éscarta.

Nos instalamos cerca del mar de plata, al día de hoy las provisiones escasean en razones de un tazón por cuatro soldados. Contamos con poco más de mil hombres en el campamento y el hambre ya ha invadido nuestras mentes, no los culpo. No hemos podido conseguir muy buena pesca; la sangre derramada ha llegado a la orilla contaminando el agua y atrayendo a criaturas más peligrosas, de modo que no podemos adentrarnos mucho en las aguas profundas del mar, aunque eso no quita que en la desesperación hayamos perdido por lo menos una veintena de hombres devorados por las serpientes de mar.

Estamos rodeados, por un lado el espíritu indómito de la naturaleza y de sus hambrientos hijos, y por el otro tenemos al ejército del reino de Flig, el segundo más grande después del nuestro. Eso si no consideramos que el ejército real fue formado bajo los estandartes de cuatro naciones vecinas, de otro modo nunca hubiésemos logrado invadir con la fuerza de choque suficiente. Desafortunadamente, estamos varados en este continente sin poder avanzar más haya de las colinas que sirven de frontera con Flig, sus fuerzas nos han mantenido cerca de la orilla gracias al alcance de sus arqueros, aún así hemos conseguido filtrar nuestras espadas a través de algunos flancos flojos, pero no ha sido suficiente. Y según mi criterio, considero que no sería prudente mover a mis fuerzas hasta no recibir un pronto reabastecimiento y la llegada de más hombres.

Desearía no haber traído a Drake conmigo. Mi inexperiencia me condujo a tomar una decisión apresurada y a no poder espulgar sus ímpetus de entre mis razones lógicas, mi juicio quedó cegado por el deseo de la compañía que yace entre un padre y su hijo y ahora mi temor es alimentado por la desesperación que veo reflejada en sus ojos, sin embargo trato de darle aliento durante los pocos momentos de tranquilidad, pero no sé si ello sirva de mucho.

Por lo menos me alegra que Mina y Fío se encuentren a salvo en la granja, sé que ambos se harán mutua compañía y que la nana y su viejo esposo serán suficiente vigilancia para esos dos demonios traviesos.

- Día doscientos ochenta y uno –

Dos navíos; únicamente dos navíos fueron enviados por su majestad, la comida no ha sido suficiente y el refuerzo fue limitado a unos cuantos cientos de lanzas y espadas y a un par de millares de flechas. Fuera de eso, estamos peor que como al principio, por lo que he enviado a una cuadrilla de mis hombres más sanos de regreso a Crissova, usando la nave más rápida que nos fue encomendada. Considero que deberán traernos noticias en dos semanas cuando mucho.

- Día doscientos noventa y cuatro –

Es posible que esta sea la última anotación de la campaña. Me he enterado de un golpe de estado que fue propiciado por los reinos de Pyrago y Vanell; y se supone que debo informarle a mis hombres al respecto, pero hacerlo sería cometer suicidio, ellos han confiado en mí y decirles eso sería el detonante perfecto para dejar escapar las fricciones que ya existen entre nosotros. Y aún estoy débil por haber protegido a Drake de aquella brutal golpiza, en la que incluso yo mismo fui desconocido como capitán.

He ordenado un ataque sorpresa esta noche, flanquearemos las murallas y realizaremos una operación de secuestro. He tenido que recurrir a ello para salvaguardar la seguridad de mis hombres y para poder garantizarnos un pasaje seguro a casa, con la promesa de un cese al fuego, de lo que ocurra al llegar al puerto de Crissova, yo no me haré responsable.

El objetivo es raptar a la princesa Milena, hija del rey de Flig. Yo iré en la patrulla de captura y Drake vendrá conmigo, este no será un ataque ruidoso, nos valdremos de la oscuridad de la noche para poder cumplir con el objetivo.

- Día doscientos noventa y seis –

Estamos de camino a casa, la misión fue un éxito y nos he garantizado un viaje seguro a Crissova, entre las condiciones que pude conseguir, obtuvimos un reabastecimiento por parte del rey Resso, por otro lado la princesa tuvo que ser transportada en una nave de Flig como parte del acuerdo, ésta es tripulada por Drake, a quien he dejado a cargo de la seguridad de la princesa, al llegar a nuestros mares, Drake cederá el timón a la escolta real de Milena y ellos se embarcarán de regreso a su reino.

Viajamos sin prisas, para apaciguar la moral y la rabia reprimida contra nuestras propias naciones. Comemos con desdén y descansamos como lo merecemos. Ciertamente esta no ha sido una victoria, pero tampoco la considero una derrota. Durante el resto del viaje comenzaré a preparar mi mente y mi cuerpo para el castigo, contando mis faltas y ofensas contra su majestad, lo peor que pueden hacerme es destituirme como capitán y recibir los 500 azotes obligatorios a plena luz del día en la plaza pública, que importa, podré regresar a mi granja…

- Capitán Drago –

domingo 6 de abril de 2008

continuación cap III

- No ahora por favor, no ahora! –

El cuerpo del caballero cayó sobre sus rodillas, soportando apenas el peso de los cascos de metal que eran parte de la armadura, aunque desde hacía ya varios años que no usaba todo el conjunto no por ello el peso era menos soportable; casi siempre considerando que sin sus piernas, un caballero no es nada.

El dolor presionaba al corazón, por encima de sus ropas el hombre agonizaba rasguñando su pecho hasta que no tuvo otra opción que expulsar con sangre el sufrimiento, desde el fondo del estómago, recorriendo la tráquea y al final por las fauces; el charco de agua a sus pies quedó enrojecido y una estrepitosa tos seca sucedía a la conmoción del llanto del caballero que había sido violentamente interrumpido, el recuerdo de su hijo y esposa fueron enjuagados entre sangre y agua dulce.

- Ya falta poco… -

Sir Drake pudo erguirse de nuevo con algo menos que la entereza de un espíritu atormentado, alzó la mirada al cielo, jurando con la misma, desafiando a cualquier cosa que quisiera interponerse en su destino; sosegando el dolor con una sonrisa histérica y recibiendo las pesadas gotas de lluvia acompañadas a la par por líneas deformes de luz y una filarmónica propia de demonios. El hombre en penumbras miró a la torre del honor, al claustro de su pupilo e inquirió de nuevo para nadie y para sí mismo. – Falta poco –

En el interior de aquella torre, el joven Sigfried aprovechó la noche para tomar un largo baño, pensando que tal ves el agua fría podría liberar su mente de las ataduras del hastío y la desesperanza de un encierro a punta de pluma. En su mente las palabras del libro escrito por Zuria eran repasadas incansablemente, provocando una estampida de sonidos irreconocibles., todo era inútil. Las puertas no se abrirían por la fuerza y la llave que las liberaba no existía, al menos no se encontraba ni siquiera en el último rincón de la torre. Sigfried había comenzando a comprender que en verdad estaba encerrado y permanecería así de no romper con la aparente enseñanza, aún cuando esta no estuviese al alcance de la vista.

A buen entender pocas palabras. En resumen el libro tan sólo hablaba de las bases para la formación del honor, empezando por sus características principales: no puede ser buscado, no puede ser humillado y como todo bien, se reproduce así mismo. Es lo más importante para todo quien se aprecie de ser llamado caballero, reconocido o no, el honor estaba a todo momento en la mente de la persona ordenada bajo la espada. Para ser digno en el honor uno debe reconocerse libre de toda atadura, de todo sistema y de toda ignorancia, entonces el honor y la libertad aunque no iban juntas de la mano, coexistían mejor que cualquiera, inclusive en un mundo sin reglas aparentes.

¿Cómo alguien puede fomentarse en el honor si está encerrado todo el tiempo, durante el día y a lo largo de la noche? Sigfried no podía comprender la complejidad de la pregunta. Dentro del vaivén de diminutas olas en la tina circular, el joven poco a poco fue rindiéndose al cansancio. Remembrando tiempos no tan lejanos, en compañía de su familia.

No sabía que hora de la noche era, sin embargo podía sentirla. Era probable que su padre estuviese preparando todo para partir a una nueva expedición, mientras su madre y su pequeña hermana aún descansaban pues ya estaban acostumbradas a buscarlo al día siguiente y no encontrar más que el rastro de sus pisadas en el fango cercano. Después de la partida, ellas como todo el pueblo, comenzarían a preparar su regreso, sobran las mujeres, los niños y los hombres de avanzada edad, salvo por el herrero.

Milena, la hermana de Sigfried, nació un año después a la partida de Sir Drake. Su hermano mayor tuvo tiempo suficiente para enseñarle los mejores escondites y de como pescar un pez con las manos usando la paciencia de los osos de río cuesta abajo. Su compinche en bromas y su mejor aprendiz, desde pequeña, Milena fue considerada una promesa para el pueblo al igual que sus padres y que su hermano mayor. Bautizada como la diosa del fuego, puesto que la pequeña llegó al mundo con una corona de rizos rojizos, y con el tiempo, pequeñas pecas fueron apareciendo en su rostro, la niña cautivaba con la mirada, tal como su madre.

Que descuidado, no eran tiempos para viajar, eran tiempos de cosechar todo lo que se sembró meses antes. Eran vísperas de las fiestas primavera. Sigfried lo había olvidado después de todo, de igual forma le tomó por descuido el próximo cumpleaños de su hermanita quien ya estaba por cumplir los siete. Conociendo a sus padres, una reunión en casa ya estaba preparada, nada llamativo, solo amigos cercanos.

Un ruido al fondo de la pila de agua despertó al joven de sus pensamientos. El agua comenzaba a vaciarse, el mecanismo de los sobrepesos había sido activado para no rebosar, el agua era expulsada hacia fuera de la torre a través de un sistema de canales y posteriormente, podría ser rellenada. El aprendiz se secó con calma y tomó sus ropas de nuevo, cerca de la ventana se dispuso a mirar como si nada la lluvia que terminaba, en la terraza no había signos de vida, Sir Drake ya estaba en sus aposentos.

- Honor, libertad. potencialidad… -

Sigfried suspiraba al tiempo que contemplaba las estrellas.

- “La libertad, tiene potencia para convertirse en honor, pero ésta sólo puede actuar como intermediaria entre el hombre y el honor mismo.” –

Uno de los párrafos del libro escrito por Zuria. Quizá el más complicado de todos, eran los tres elementos que sobresalían del pequeño libro.

- Ahh! Maldición, qué significa todo esto?! -

- Honor, libertad, potencialidad – Sigfried había perdido la noción de sus propios pasos, las rodillas ya no respondían ante el cansancio y de vez en cuando sus pies tropezaban el uno con el otro a pesar de haber recorrido el mismo camino tantas veces. “Tres elementos que sobresalían de los demás”

Regresando sobre sus pasos, el aprendiz bajó al piso donde se encontraba la biblioteca. Los anaqueles ya estaban escorados de modo que encontrar el libro de Zuria fue bastante accesible, los ojos cansados no repasaban las palabras, no tenía caso realmente. Más bien, las hojas eran pasadas una tras otra, de principio a fin y de regreso, pero sin esperar encontrar nada importante. Sigfried inspeccionó el libro con atención a los detalles, el escrito no tenía fecha, solo autoría. Pocas imágenes, se hacía referencia a las espadas, pero nada fuera de lo común, dejando eso de lado, las hojas eran delgadas y la pasta marrón consistía de madera, tal vez pino, era todo.

El libro regresó a su lugar de descanso. Sigfried ya había leído otros libros más extensos del mismo anaquel, descubrió que los pequeños, con forro más elaborado, contenían textos que servían de guía. Los más grandes y pesados con pasta delgada y sin detalles, eran registros de eventos; travesías, misiones, ordenes de salvaguarda y protección; reportes hechos aparentemente por el capitán de los 13.

En el anaquel que el joven había elegido desde que se encontró atrapado, se hallaban solo 4 libros de instrucción y por lo menos 30 de reportes, pero no había diferencia, en ninguno de ellos existía llave aparente para liberarlo de su cautiverio. Sigfried consideró que ya había terminado de revisar dicho anaquel; y para su segunda revisión eligió el anaquel número 9, el símbolo en este anaquel estaba de igual modo entre los tres cerrojos de la puerta de salida. Este anaquel en particular tenía muy pocos libros de reporte, los libros de guía rebasaban los 50, Sigfried comenzó a leer los títulos de cada uno y se alegró de que una palabra sobresaliera de todas “Libertad” lo bueno era que al parecer la pista era correcta, lo malo, era que no sabía con cual de todos debía iniciar, dado que no estaban numerados y todos partían del mismo autor que en el anaquel anterior. – Vaya, a Zuria le gustaba escribir… - Las horas por fin pesaron sobre la mente de Sigfried, decidido a dejar la investigación para el día siguiente bajó al primer nivel y se recostó en la cama, y sin pensar en nada más se quedo dormido.

Las aves no anunciaron la mañana siguiente, salvo la brisa matutina que remojaba los rostros escondidos entre sábanas, queriendo negar el aviso del trabajo por hacerse. La mañana fue silenciosa y por las horas siguientes continuó así. Al centro del poblado, trozos de madera caían calcinados sobre nieve y lodo, el olor a humo había esparcido su brazo más haya de la fortaleza de árboles en el bosque cercano, era lo suficientemente espeso para bloquear la luz del sol y crear así la sensación de un día nublado. Entre los escombros del centro, una tos seca comenzaba a escucharse, débil, ya sea por lo húmedo del lugar o por el humo que estaba estancado tan cerca del suelo.

La figura estaba en vuelta entre mantos y pieles, ocultando su rostro del frío y recuperando fuerzas, no existía vida en los alrededores, de modo que la persona se estaba tomando su tiempo, estaba exhausto. A un costado, una espada incrustada con fuerza sobre la roca de una pared derribada, la sangre sobre ella estaba fresca y aún podían escucharse los choques de acero de la noche anterior a través de la hoja afilada. Con forme la luz se filtraba por entre las nubes y el humo, figuras de sombras se iban dibujando en el suelo blanco, personas arrojadas al suelo, inertes, creando en conjunto una melodía que cantaba sobre batallas y culminaba con la muerte. Cerca de la persona envuelta, estaba un cuerpo arrodillado, su propio peso lo mantenía erguido, salvo que sobre los hombros no descansaba la cabeza del difunto, estaba extraviada, tal vez devorada por los lobos.

La persona de junto se descubría por fin ante el día que comenzaba. La mirada era una mezcla de enojo y tristeza, y sobre los ojos y aun costado de estos, dos cicatrices estaban aún frescas, la sangre apenas las estaba cerrando. Sobre el cuello del joven un escudo de armas colgaba sin el brillo que tuviera años atrás, optó por levantarse de su lugar y tomar su espada, dudo unos momentos al tomarla, el peso parecía haber aumentado de manera extraña, era lógico, su cuerpo estaba cansado y las fuerzas le estaban jugando una jugarreta, presto a tomar el arma, comenzó su camino a algún lugar con mejores condiciones que las actuales. – Adiós Moritz – dijo el joven.

- Milena, mi amor. Te extraño tanto y las noches que me faltan por vivir son el peor castigo que pueda merecer. Con que ansias quisiera poder verte de nuevo, como el día en que te encontré por primera vez, tan ingenua y absorta de la vida que pasaba a un lado de tu silueta. Me arriesgué por primera vez en toda mi vida y toda mi existencia quedó resumida a una palabra tuya, nací de nuevo cuando aceptaste vivir a mi lado. Dios, cómo quisiera poder besarte al menos una vez más, acariciarte y despertar contigo al día siguiente. Te amo tanto y sabes que siempre te amaré. Le pido mucho al cielo que esta noche me permita dormir en paz y pueda conciliar el sueño, que me permita soñar contigo y nuestro hijo y que por unas cuantas horas, podamos ser una familia de nuevo. –

Al terminar la plegaria, Sir Drake se recostó sobre la pieza de dormir, era tan cómoda como una roca afilada y todo en aquella habitación le atosigaba con recuerdos del pasado. El caballero debía optar por velar la noche en pena, o tratar de dormir y despertar con un terrible dolor de columna al día siguiente.

Varios maderos viejos fueron lanzados a una caldera que resplandecía en la noche. Entre los trozos de carbón incandescentes la hoja de una espada comenzaba a tener forma, los golpes del mazo dibujaban la silueta con cada choque y de estos el llanto del acero circundaba por la modesta herrería. El herrero trabajaba a su mejor ritmo a altas horas de la noche y en la madrugada, el calor temperaba su cuerpo y le mantenía a salvo de las noches más frías del año. Tomando la espada con unas pinzas, sumergió el arma en la pileta de agua de junto, el vapor emergió al instante y al disiparse se mostraba una sombra postrada a la entrada del local. El herrero no se inmutó demasiado, sin detener su trabajo saludo al viajero.

- Es un poco tarde para estar vagando por ahí señor –

- Arthur, busco a Sir Arthur, alguna vez fue un hombre de armas, de modo que ud. debe conocerlo –

- Conozco a un Arthur, el único del pueblo, pero porqué debería decirle eso a alguien que no dice su nombre –

- Mi nombre es Drago y he venido desde muy lejos para encontrarme con esta persona, dígame, donde puedo encontrarle –

- Con gusto le diré todo lo que necesite saber cuando el pueblo inicie sus actividades, a estas horas, dudo que sirva de mucho ir a visitar a alguien mientras descansa tranquilamente en su hogar –

- Que puedo decirle, tengo algo de prisa, además. El hombre que busco esta entrenado para dormir un par de horas al día, así que dudo mucho que se encuentre dormido –

- Como ud. quiera. No es mi trabajo servir de inquisidor, es la casa que está más cercana al río, pero espero que lo que dice sea verdad y no sea inoportuno para la humilde familia que ahí vive –

- Soy tan sólo un hombre, si mis intenciones no son de confianza, puede despertar a la guardia local, no me molestaré –

- Así lo haré, solo por si acaso, aunque quiera confiar en sus palabras, el hecho de que se esconda entre su manto de viaje no me tranquiliza demasiado –

Aquel viajero continuó su camino sobre la dirección señalada, tal como estaba predicho, la única casa cercana al arroyo se encontraba a oscuras y sin aparente actividad desde sus adentros. El viajero rodeo el edificio buscando la entrada posterior, al dar con ella basto acercarse un poco para que la puerta se abriera sigilosamente.

- No pensé que fuera ud. señor –

- Arthur –

- Capitán… -

Tomando la capucha por los costados el viajero mostraba un rostro viejo, de barba y bigotes desalineados y mirada apesadumbrada. Arthur acompañó al viajero a la orilla del río, lejos de los oídos de su familia, el esposo ya sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que su pareja notara su ausencia. Ambos aprovecharían el tiempo para mantenerse al tanto de los últimos años.

- Ha pasado tiempo Arthur –

- Si señor, sin duda –

- No pienso quitarte mucho tiempo, sólo dime lo que necesito saber –

- Drake llegó al pueblo hace poco más de 5 años –

- Ya veo, su visita no pudo haber sido una simple coincidencia, tal vez supo que yo vendría a visitarte –

- Es muy probable capitán. También mencionó que Samuel y Lisa habían muerto... –

- Es verdad –

- Junto con ud. capitán... –

- Ya veo –

- Ahora que ellos no están, supongo que no queda más que hacer que esperar –

- Todo depende, aún quedamos tu y yo –

- Hay una última cosa señor… -

- Habla –

- El renuevo se ha mostrado por sí mismo, tal como estaba predicho –

- No puede ser, todo lo que estaba escrito está sucediendo, quien es? –

- Mi hijo señor… -

- Entiendes la gravedad de esto que me dices verdad? –

- La entiendo, mucho me temo que no pude hacer nada en el momento, Sir Drake me advirtió de un ataque al pueblo en los próximos años y que durante el mismo, mi primogénito iba a fallecer, dejarlo ir lejos de aquí era la única solución –

- Y le creíste? –

- No tuve elección señor, no había forma de refutarlo, no a él –

- Todo se complica Arthur, si esto continua así ambos sabemos cual será el desenlace –

- Estoy dispuesto a morir por mi familia señor –

- Por qué no has desalojado a tu familia, debes hacerle caso a Drake y abandonar este sitio –

- Lo haré, en tanto la salud de mi esposa mejore, es un largo viaje y deben estar en buenas condiciones –

- Por tu seguridad y la de ella, no le digas a nadie a donde las vas a llevar, ni siquiera a mi –

- Lo sé señor, pierda cuidado, que hará ahora? –

- Debo retornar a mi puesto en las siguientes 30hrs, presentar el reporte y tomar acciones para los años venideros –

- Se enfrentará a su propio hijo señor? –

- Soy el único que puede hacerle frente, todos los demás murieron para protegerme hasta que fuera el momento propicio, desafortunadamente eso lo ha puesto en ventaja y nuestras posibilidades se agotan –

- Ordenes señor…? –

- Cuando el día llegue, encuéntrame en la capital de Pyrago, mantente al resguardo hasta entonces y prepárate, pues si todo se pierde, no tendremos más opción que eliminar al renuevo… -

- Lo sé señor –

miércoles 27 de febrero de 2008

CAP III: LA FORMACIÓN

"¿En qué debe creer un hombre? ¿De donde debe aferrarse para que el mundo que le rodea no le golpee en la cara con violencia y termine por derrotarlo? El hombre por si mismo debe aceptar sus limitaciones y durante el proceso debe ser cuidadoso de no caer en el riesgo de considerarse incapaz de vivir para luego vivir dignamente. El descubrimiento de uno mismo es una introspección que nunca termina, el hombre pues, decide voluntariamente vivir en soledad, rodeado de multitud."

La mañana siguiente se vislumbraba con serenidad, aunque la lluvia hubo cesado horas antes, la neblina aún permanecía circundante, ésta desbordaba por entre las callejuelas, el cúmulo de vapor y humedad eran mas notables sobre la fina película de agua cristalina del lago; fue a plena luz del día que Sigfried pudo contemplar su real magnitud, la circunferencia del lago superó por mucho la que el joven pudo haber imaginado la noche anterior. Logró percatarse de cómo el pequeño pueblo estaba distribuido a lo largo de la orilla de izquierda a derecha en forma de media luna y tan sólo algunas casas se replegaban hacía los árboles cercanos.

Debido a la nubosidad del aire, era bastante difícil distinguir a las personas que, a comparación de las casas que eran estáticas y vistosas, las personas iban y venían de un lado a otro de par en par acompañadas siempre de un quinqué o por lo menos una lámpara de dormir con tal de alumbrar mejor su camino, el deambular de las demás almas no podía ser percibido a menos que estuviesen a menos de dos metros uno del otro. Sin embargo, la carencia de visibilidad era recompensada por la abundancia de sonidos. El sonido que sobresalía de todos era el que provocaban los choques ligeros de las olas del lago sobre las orillas y por entre los astilleros del puerto principal, el sonido provocado era bastante relajante y se combinaba con las aves madrugadoras y el murmullo de la gente en sus labores.

Sin ser una excepción a la fecha, Drake proveyó los alimentos en un establecimiento cercano que Sigfried conocería como pescadería, dado que la mayor parte de su vida el la pasó entre montañas, esos establecimientos no eran necesarios en su aldea. Ésta quedaba prácticamente de frente al puerto, de modo que una vez terminada la comida, los viajeros acudieron en busca de un transporte con rumbo al centro del lago. El puerto, con sus aproximados sesenta metros de longitud y sus cuatro de ancho, era el lugar más concurrido de todos. Cual si estuvieran acomodados de acuerdo a la edad, los primeros que abundaban el punto de embarcaciones eran los de mayor edad; hombres que iban desde los cincuenta hasta los noventa años de edad, algunos recordando sus mejores tiempos como pescadores y otros dando direcciones a sus aprendices y/o ayudantes. Después estaban los más jóvenes, desde niños hasta adultos de la edad de Sir Drake; los niños pescaban con sus cañas improvisadas y junto a ellos sus respectivos padres, con redes y cañas más elaboradas. – Interesante vida ¿no lo crees así…? – murmullo el caballero sin detenerse a mirar a Sigfried. Sin responder, ambos caminaron hasta el final del muelle, entre voces y el rechinar de tablas mojadas hasta encontrarse con un pescador solitario a punto de partir. La embarcación del sujeto era modesta pero con las proporciones estimadas para que viajaran máximo ocho personas.

- Veo que está sólo… -

- Nunca me he molestado por eso –

- La observación la compartí con usted debido a que este bote es algo grande para un solo tripulante… –

- Así es, veo que usted tiene buena vista y buen sentido común y con respecto a su comentario, tres de mis hombres descansan hoy y el cuarto esta convaleciente debido a un envenenamiento ligero, yo he salido a pescar lo necesario para hoy y mañana y este es el único bote que tengo. –

- Entiendo… -

Drake pudo conseguirse un acuerdo sencillo, un viaje de ida para dos personas a la isla al centro del lago, - ¿a esa isla? Hmmp… turistas – refunfuñaba el hombre, su rostro no demostraba tanta negación como incertidumbre, el diámetro del lago de un extremo a otro era particularmente extenso y en una embarcación como la suya podía ser cruzado en un lapso de tres horas sino era que más.

- Esta bien, los llevaré, pero debe prometerme que no demorará mucho en esa isla ya que debo estar en casa para antes de las ocho –

- Por el viaje de regreso no se preocupe, en la isla existe un antiguo templo, en este deben quedar algunos botes y entre ellos alguno debe ser lo suficientemente bueno para cruzar al otro lado, por si fuera poco hay madera suficiente para fabricarnos uno, todo con tal de no causarle mayores problemas buen hombre… -

- El viejo templo, vaya turistas que resultaron ser, le diré algo amigo en esa isla se han escuchado los más horribles gritos y lamentos en las noches más oscuras, si es verdad que tiene un medio de transporte para salir de ahí, es mejor que lo hagan antes de que les rodee la oscuridad –

- Tendremos en cuenta su consejo buen hombre…-

Los tripulantes y el pescador partieron con el primer grupo de balsas; el primer grupo siempre mantenía un derecho exclusivo por ser los más experimentados, ellos encontraban los bancos y a sus costados se arremolinaban todos lo demás para facilitar la pesca y como respeto al don que poseían, los menos experimentados permitían que los primeros pescaran con libertad aquello que les fuera a servir, tanto para venta como para consumo.

- Este pueblo sobrevive gracias a la venta de pescado, se pesca y se almacena en contenedores especiales, a dos kilómetros de aquí se transportan por barco y por medio de un extenso río hasta la capitanía de Pyrago, es una labor dura, pues el pescado no permanece mucho tiempo en buenas condiciones aún cuando lo sumerjamos en agua congelada del lago –

- Con mayor razón le agradezco que aceptará llevarnos hasta la isla…-

- No se preocupe ya de eso, de todas formas hoy no pensaba pescar mucho, como dije en el puerto, mis hombres no trabajaron hoy –

Las distracciones causadas por el paisaje de que la se admiraban los adultos no asombraban del todo a Sigfried, el muchacho miraba fijamente el fondo del bote. A sus pies todo se mecía constantemente, sin embargo ello no le importaba cuando sacaba cuentas del camino que había recorrido. Sin siquiera saber que desde Quirargra el viaje iba a llevarles tanto tiempo Sigfried subestimó el trayecto desde Quirargra, viajando por bosque, maleza, llanura y una travesía marítima de continente a continente que además de salir con retraso hizo un viaje que duró por lo menos tres semanas.

Si Drake aminoraba el paso o determinaba el punto de descanso era tan sólo para dormitar, las madrugadas eran frías y desconcertantes, Sigfried sentía que caminaba hacía los mismos confines del mundo. La comida escaseaba y de igual forma en muchas mañanas el ayuno no se convertía en opción sino en resignación del joven aprendiz. –
(Y ahora estoy aquí) – un pensamiento recurrente desde hacía varios días de viaje y con el cual la esperanza de encontrar por fin un punto fijo se desvanecía con la sentencia de un trayecto por demás exhaustivo.

- Por mi madre! – Grito el pescador. – Que ese banco se ve inmenso! –

El sesentón detuvo la embarcación y con una torsión de los labios Sir Drake aprobó que el viaje se demorara unos momentos – Adelante, tómese su tiempo, de cualquier forma ya no falta mucho – Así era, la isla estaba a casi treinta minutos más por lo que no faltaba mucho. Sigfried se sorprendió de que dos horas y media se hubiesen ido con tanta premura. El hombre apresurado amarraba las últimas juntas y distribuía los contrapesos y flotadores, despachó las dos redes que llevaba en el bote y estas se extendieron plenamente sobre los bancos, ahora la cuestión era sólo esperar – ah! Son tantos! – suspiraba el hombre. Ya estando al punto de rebasar el límite el pescador comenzó por halar las amarras, la carga era pesada de modo que la ayuda de Drake no se hizo esperar y para sorpresa del pescador y de Sigfried, el caballero subió con extraña comodidad las redes repletas.

- Increíble… acaba de tirar de más de 450kg señor… -

- Drake, llámeme Drake y eso no fue nada, tal vez no están tan llenas como aparentan y además el bote se inclino del lado de mayor peso de modo que no fue tanto la fuerza sino la técnica… -

- Lo que ud. diga Drake, pero he visto a mi mejor par de trabajadores demorar cerca de cinco minutos al subir una carga tan pesada como esta… -

Desde que partieron de la ciudad, ésta era la primera vez que Sigfried veía tal despliegue de fuerza, lo que Sir Drake hizo no tenía explicación, no para la complexión de su cuerpo ni para el tipo de vida que llevaba o para la edad que poseía. Dicha escena estabilizó los pensamientos del aprendiz a caballero y pudo recordar el motivo principal por el cual quiso ser alumno del amigo de su padre. Sigfried quería esa fortaleza para sí, ya que era la misma que su padre demostraba cada vez que partía hacia un nuevo viaje, ambos ex combatientes guardaban para si muchos secretos.

Terminada la repentina pesca, el bote por fin rozaba las orillas de la isla, como no había algún soporte o postes para encallar, los dos viajantes desembarcaron y se despidieron del pescador, este extendió para Sigfried dos de los peces más grandes para los viajeros como gesto de buena voluntad y después se sonreía mientras se alejaba lentamente, sin embargo, antes de que la faz de su rostro se perdiera en la distancia Sigfried alcanzo a notar como el semblante del viejo cambiaba a uno mas serio. – Si es que tienen medio para salir de la isla háganlo pronto! – Sigfried recordó entonces el comentario de los llantos y gritos nocturnos.

- Maestro -

- Dime…? –

- Es verdad lo que el pescador dijo? –

- Oh! Lo de los lamentos…? –

- Si… -

- Me temo que si, pero no te preocupes, no es algo que vaya a interrumpir tu formación o si…? –

La espesura de los arbustos, lo crecido del pasto y demás yerbas impedían cualquier tipo de familiarización con el lugar. Los árboles eran todos de hoja grande y la mayoría eran de la familia de palma u hoja caída, árboles tristes como eran conocidos por la forma en que sus ramas se asemejaban a las lágrimas. El ecosistema era simple, pequeños roedores y varias lagartijas y escasez de aves. – Ven… - Avanzó el caballero escabulléndose por entre ramas como queriendo encontrar un punto conocido. – A pasado tanto tiempo… ah! – Drake encontró un camino angosto de piedra blanca, justo como el que se encontraba en Quirargra, pero este era más pedestre y el pasto sobre poblaba cada una de las placas transpuestas una tras otra.

El camino terminaba en una fortaleza, de muros altos de cuatro torres, por si fuera poco estaba completamente rodeado de los árboles más altos de la isla. La entrada, con un portal de puerta levadiza, estaba abierta; la madera de los tablones estaban carcomidos y los remaches se oxidaban entre la arena y el polvo. Al entrar Sigfried asimiló las dimensiones del lugar, debido a lo alto de los muros exteriores no pudo notar que al centro de la fortaleza se encontraba la plaza central o una especie de atrio, de igual forma no contaba con la quinta torre que se alzaba tan grande como las otras y que a un costado de esta se encontraba un pequeño manzano, el cual aun daba frutos. A la derecha de este árbol estaba una banca de mármol tallada sobre los relieves.

- Bueno Sigfried… esto es lo que queda de Devoción. Primeramente hecho monasterio, luego punto de vigilancia y por último refugio para nuestra antigua orden. Nuestra historia se encuentra entre las paredes de este lugar. Ves esas torres…? Cada una es una biblioteca, cada una guarda escritos, tratados, códigos y estudios, en su mayor parte escritos por Zuria y el capitán, pero de todas la más importante es la del centro, a la que sólo podrás entrar cuando yo diga que estas listo –

- Cinco torres? Por qué? –

- La formación de caballero no es sencilla, desde luego aprenderás a usar armas y a defenderte, pero también deberás desarrollar cuatro virtudes importantes – Drake señaló a la torre en la esquina derecha al fondo de la fortaleza y recorrió hacia la derecha las cuatro torres nombrando a cada una de estas. – Honor, honradez, honestidad y humildad –

- Y la del centro? –

- La del centro no tiene virtud a destacar, a esta última tú deberás hacerla tu mejor virtud. Deberás hacer a cada una de las virtudes en las primeras cuatro torres tan fuerte como los cimientos de éstas y deberás hacerlas visibles y compartirlas. He de mencionarte que a la última virtud, deberás esconderla para ti mismo, será algo que compartirás sólo con quienes tú decidas y será tu mejor cimiente, ahora ven, vamos a descansar. –

- Por fin… es decir, si maestro –

Drake condujo al muchacho a la capilla del lugar, la cual ya estaba acondicionada para albergar a huéspedes. Mientras ambos caminaban Drake iba encendiendo las antorchas a los pasillos con un fuego hecho previamente con ayuda de dos rocas lisas y una antorcha de repuesto. El paseo fue lúgubre, tanto que las peores pesadillas de Sigfried le acechaban a cualquier esquina al momento de entrar a un nuevo pasillo o bajar escalinatas. Justo al momento de doblar en un pasillo Drake alumbró trece antorchas puestas en línea mientras Sigfried aguardaba en el punto de la primera antorcha encendida, el pasillo en particular se extendía por casi cinco metros, en la pared cada una de las antorchas estaba colocada a la derecha de un cuadro y en el cuadro yacía un retrato. – Estos son los trece caballeros de devoción Sigfried – dijo Drake al invitarle a admirar cada uno de los cuadros.

El primero en aparecer fue el capitán, tal como describió Drake, era un hombre de al menos 1.78 de estatura, barba profusa, mirada fija y el cuerpo rígido y a modo de contraste con la figura seria el rostro del hombre denotaba que estaba sonriendo.

Después estaba Drake, realmente no encontró mucha diferencia con el actual salvo por algunas líneas alrededor de los ojos debido a la edad lo cual era normal. La barba era distinguida, de candado común como era llamado el estilo, flecos que caían sobre los ojos denotando rebeldía, la misma complexión delgada y el rostro guardaba la mirada pensativa y la sonrisa discreta.

Zuria, la primera de las mujeres que guardaba al igual que las demás en la orden un promedio de estatura de 1.64 metros, de complexión delgada pero proporcionada más en la cintura, lo que denotaba que era alguien que pasaba mucho de sus tiempos libres sentada, tal vez por la razón de tener que escribir tanto. Cabello liso y corto en forma de casco, Zuria era una mujer muy sonriente.

Erika, la famosa hermanita del grupo, de mirada perdida y gran sonrisa, su cabello era rubio y en la pose la joven mantenía ambas manos por detrás de la espalda, Sigfried imaginaba que no importaba el momento, Erika siempre demostraba su lado despreocupado. La complexión de la joven era la de una niña salvo que denotaba ya varios rasgos de madurez.

Dicto seguía después, al contrario de Erika, este caballero mantenía una pose mas firme con los manos entrelazadas por detrás de la espalda baja, muy probable debido a su formación de sacerdote aun cuando esta fuese interrumpida. De complexión delgada y con una estatura cerca de los 1.70, la mirada estaba fija y su sonrisa era amena, después de todo era un sacerdote amable.

Khariel, la valkiria, de mirada seria y brazos a los costados en posición firme, mentón a lo alto y cabello rizo castaño, la complexión era bastante atlética y delineada por la profesión que ejercía. En toda palabra, una mujer que se valía de si misma. Su estatura no rebasaba la de las dos mujeres anteriores. Su rostro era tan femenino como amenazante.

Folken, el martillo de acero, con el brazo izquierdo pegado al cinto y en el derecho recargaba sobre el antebrazo su espada por la hoja. El hombre de mayor estatura de todos el grupo, la anchura de los hombros sobresalía por sobre las telas y no bastaba ejercer tanta fuerza para que sus músculos se marcarán. Aunque, como Drake había mencionado, el rostro de Folken mostraba serenidad.

Arthur, el padre de Sigfried, de barba al mismo estilo que Drake, salvo que ahora abarcaba mas parte del rostro. De mirada fija y rostro sonriente, Sigfried sólo se asombró de que a la altura del abdomen no resaltará una rechoncha barriga. Arthur para ese entonces gozaba de una figura más esbelta y de un cabello largo y castaño.

Después Dafne, sin contar el hecho de que las mujeres son bellas por el sólo hecho de ser mujeres, esta integrante resaltaba en todos los atributos, con ojos de mirada profunda y labios carnosos no importaba mucho que se tratase de un retrato, el porte de dicha mujer cautivaba a cualquier mirador. El cabello era lacio que se dejaba caer sobre la espalda y negro.

Mizano, con porte presuncioso, el caballero mantenía las manos a los costados para expandir el pecho, de mirada firme y sonrisa intimidante, el cabello era bastante peculiar pues parecía estar tan bien cuidado como el de una mujer y sus facciones eran bastante relucientes, Sigfried ahora entendía porque era llamado el caza doncellas.

Dirge, este caballero sí tenía una mirada seria, de hecho no se molestó en posar para el retrato, pues la mirada apuntaba a la derecha en modo de desaprobación y sus brazos estaban entrelazados al frente a la altura del pecho. La complexión era dura así como sus rasgos, sin duda algo que lo hacía característico.

Misa, la curandera y la alquimista, de mirada tímida y brazos entrelazados por los codos por detrás de la espalda, el cabello era castaño, ondulado y corto a los hombros; las facciones eran tan juveniles como las de Erika pero no tan coqueta. Misa inspiraba confianza e invitaba a una buena plática sin importar la materia o tema principal.

Al término de los nombres conocidos por Sigfried aún sobresalían dos retratos más sobre la pared y de los cuales no tenía conocimiento previo. El primero que aparecía era el de un joven, de cabellos dorados y complexión delgada, la mirada era muy parecida a la de Drake. Se encontraba descansando la mano izquierda sobre el mango de su espada y el brazo derecho lo mantenía por debajo de la espalda en forma orgullosa.

- Quien… -

- Su nombre es Fío, él era mi hermano menor Sigfried, si no mencione nada de él anteriormente era porque esperaba que comprendieras la importancia que le doy a mis asuntos personales, pero con gusto te contare todo lo que necesites saber de él y de la orden… -

Sigfried asintió con gratitud y prosiguió su camino hasta llegar al último cuadro, el retrato de una joven de cabellos rojizos, que le recordaron de inmediato la imagen de su pequeña hermana Milerna en su hogar en Plío. La postura que mantenía era normal, sin demostrar nada extravagante. Su rostro era amable y su sonrisa era apenas visible debido al pequeño pliegue de los labios. La mirada de la joven era familiar para Sigfried teniendo en cuenta el hecho de que era la primera vez que la veía.

- Mina, es diminutivo de Minerva, y es hija… bueno, era hija del capitán. Mina estaba comprometida con mi hermano menor Sigfried, sus vidas no están registradas del todo en los libros que leerás, pero de igual modo aquello que desees saber te será esclarecido… -

En todos los hombres el color de las capaz era azul marino con excepción del capitán, en las mujeres era de color vino. La capa de Drago era diferente de la de los demás integrantes de su mismo género para remarcar el rango y ésta era de color blanco.

Los viajeros terminaron en un pequeño cuarto en el sótano, el joven no pudo contener más la duda e inquirió con voz temblorosa la razón de haber elegido dicho lugar. – Vamos Sig… no le tendrás miedo a un poco de polvo, nada te ocurrirá mientras estés conmigo de acuerdo…? Bien, ahora comamos algo. – Prepararon modestamente los dos peces que les entregarán previamente en forma de agradecimiento.

- Maestro, que puede decirme de mi padre? El también entrenó en este lugar? –

- Por supuesto, todos lo hicimos, la habitación de tu padre esta cerca de esta creo que un día de estos te llevare a conocerla… -

- Maestro, sobre los retratos de hace un momento pude ver signos que no comprendí, que significado tenían…? –

- Bueno, es una especie de código que desarrollamos para la orden, descuida tú también podrás descifrarlo y con respecto a su significado este tiene mucho que ver con la torre al centro de la fortaleza, recuerdas lo que te mencione sobre ella…? –

- En ella yo deberé encontrar una virtud personal –

- Así es, cada uno de nosotros desarrollo una virtud o habilidad por sí sólo y esa virtud nos diferenció uno del otro como seres humanos. Yo desarrolle la verdad, por el deseo que tengo de indagar. Tu padre por ejemplo desarrolló la inteligencia y junto con Zuria que desarrolló la creatividad logramos grandes victorias. Khariel desarrolló la confianza, Dicto la vocación de servir al prójimo desde luego, Dirge la lealtad, Mizano la valentía, Mina la caridad, Erika desarrolló la fraternidad y Folken la paciencia, aunque no lo creas jeje. Fío desarrolló la esperanza y Mina la pureza, la virtud que era más lejana de todas.… -

- Y el capitán? –

- El capitán no tuvo que entrar a la torre, pues el ya había desarrollado la devoción, la desarrolló en su reino, en sus reyes, en su pueblo y en su causa… -

- Y si yo no consigo desarrollar una…? –

- Eso dependerá de ti, para serte sincero ninguno de nosotros encontró su virtud al principio del entrenamiento, pero con el tiempo cada uno fue especializándose en lo que más le favorecía. Estoy seguro de que tú podrás encontrar tu punto más fuerte… -

Al inicio de la cena Drake obtuvo la bebida de una garrafa de arcilla, el sabor del líquido era ligeramente agrio a pesar de que aligeraba la comida. Drake tuvo consideración con Sigfried y permitió que el joven bebiera lo que quisiera.

Extrañamente Drake sólo se sirvió un pequeño vaso y apenas le dedicó algunos sorbos.

- Sigfried… tu primera prueba ha sido el viaje… -

- Si maestro –

- Tú segunda prueba… -

- Si…? –

- Será demostrarme cuan aferrado estas a la vida… -

El comentario fue alarmante por si mismo, sin mencionar si quiera que la mirada y la voz de Sir Drake eran diferentes a todas las que el aprendiz presenció desde que le conocía. Sigfried sonrió nerviosamente y tratando de ignorar el comentario estiró la mano para tomar otro poco de la bebida con sabor peculiar. Sin llegar al vaso Sigfried comenzó a sentir una extraña sensación en la boca del estomago y en la garganta. Un dolor de cabeza le palpitaba entre las sienes y comenzó a sentir un frío extremo. – Debes descansar Sig… yo estaré a tu lado en los próximos días y no espero que entiendas esto, lo que si espero, es que sobrevivas… - Drake apoyo ligeramente la mano derecha sobre su alumno y lo acomodó sobre una cama para luego cubrirlo con sabanas blancas. Drake se dirigió a un sillón de madera ancho y de entre unas cosas obtuvo un libro viejo con hojas amarillentas pero sin contenido textual. Drake tomó un tintero y una pluma conservada y comenzó a escribir a la luz de las velas mientras Sigfried caía inconciente.

En sus sueños, Sigfried recordó a sus padres, lo generoso que eran y lo mucho que había aprendido con ellos. De su madre, una mujer muy bella, aprendió siempre a estar de buen humor y a reírse sin control si el momento era el adecuado. De su padre captó y practicó cada uno de los consejos, todo con tal de ser como el. Para Sigfried, el grado de bondad de un hombre se media con el modelo que tenía de su propio padre. A su mente llegaron las recientes memorias con su pequeña hermana, recordándola brincar entre las flores, acompañándola de mano a jugar con los demás niños y sobre todo al momento de contarle cuentos. La hermana de Sigfried fue un tesoro para sus padres y un compromiso para Sigfried.

El dolor que experimentaba era extraño, Sigfried sabía que estaba ahí, carcomiendo su cuerpo, estrujando sus músculos y su estomago, la fiebre le causaba alucinaciones y el dolor de cabeza le daba vueltas a la habitación, ninguno de los males parecía aminorar y el joven sólo se limitaba a cerrar con todas sus fuerzas los puños. En momentos de corta lucidez podía sentir la presencia de Sir Drake, a un costado escribiendo o levantándose de vez en cuando para encender una nueva veladora o reacomodar las sabanas que le cubrían. – Por qué? – se cuestionaba Sigfried, sin siquiera tener fuerzas para alzar la voz y preguntarlo en ese preciso momento.

Los dolores regresaban por periodos con duración variable, Sigfried vomitó en tres ocasiones durante la primera noche y los espasmos de su cuerpo le provocaban a estirarse de los pies hasta la cabeza curveando la espalda, el dolor se sentía por detrás de la espina dorsal y el simple roce con la cama le causaba agonía. Se pregunto de igual forma si su padre pasó por esto, Sigfried por momentos deseaba que así fuese, de serlo al menos podía obtener más fuerzas del ejemplo imaginario que se mostraba en sus pensamientos. La sensación era desquiciante, el joven deseaba con todo poder hablar o por lo menos balbucear para dejar escapar con sus gritos el dolor que se arremolinaba en su abdomen y extremidades. Sigfried no lo sabía pero comenzaba a experimentar paranoia.

En la primera noche, el joven alcanzó a escuchar a momentos sonidos extraños y llantos de alguna persona, tumbos de cajas, cortinas desgarrándose y puertas azotándose, al principio imaginó que se trataba de algún sueño, pero descartó la idea cuando admitió que los sonidos se acercaban más y más a la habitación en donde se encontraba.

A la mañana siguiente, Sigfried abrió los ojos por primera vez, pero el dolor permanecía, la fiebre y el dolor de cabeza cuando menos habían cesado. A su lado permanecía Sir Drake como había prometido, su escritura terminó a tiempo para tener listo para el convaleciente una pequeña bandeja con tajos de manzana y un vaso de agua.

- Bebe y come, has pasado el primera noche pero te faltan dos más… -

Dos más?!, se preguntó Sigfried sin poder hablar toda vía, aceptó con desesperación la comida y terminando se dejo caer nuevamente para recuperar fuerzas, sin darse cuenta sus ojos se cerraron nuevamente para caer dormido. Cuando se dio cuenta, Sigfried supo que la noche ya estaba presente, poco después los dolores de espalda, brazos y piernas se agudizaron y el dolor de cabeza y la fiebre regresaron incesantes. Durante la segunda noche no hubo sueños, pues el dolor imposibilitaba cualquier posible desvió de la mente del terrible momento que estaba pasando.

Esa noche los sonidos extraños se hicieron presentes y más cercanos, Sigfried escuchó los lamentos y sentía como cada uno de ellos entraban por sus oídos y estremecían su alma – es que el maestro no lo escucha?! – se cuestionaba el joven, los parpados pegados entre sí no podían ser abiertos, o eso parecía, ya que su cuerpo no respondía, Sigfried se atormentaba así mismo con escenas indescriptibles si aquello que era la fuente de los llantos y sollozos llegaba a la habitación. Entre pesadillas infundadas y horribles escenas, Sigfried fue vencido por el cansancio y por un instante pudo soñar de nuevo.

A la mañana siguiente, Drake ya tenía lista la misma bandeja de madera con más tajos de manzana y otro vaso de agua, esta ocasión Drake no detuvo su labor de escritura esperando que el joven tomará la iniciativa de tomar los alimentos por el sólo, Drake esperaba que Sigfried diera el paso que demostrara que aún tenía ganas de vivir. El joven engulló los alimentos y se acomodó por última vez en su lecho, sin fuerzas, exhausto de la segunda noche y aterrado por los sonidos que escuchó durante ésta se dispuso a tratar de conciliar un merecido descanso. Durante la mañana y la tarde del segundo día Sigfried pudo dormitar tranquilo, sin contar con los dolores que al menos parecían haber aminorado por primera vez desde la primera noche. Debido al cansancio Sigfried intuyo que caía la noche cuando la temperatura del cuarto disminuyó y el viento a las afueras se calmaba. La tercera noche fue diferente a las dos primeras en el hecho de que ahora los dolores fueron en verdad insoportables, tanto, que Drake tomó la decisión de velar junto al muchacho teniendo que interrumpir sus escritos.

En la tercera noche mientras Sigfried dormía, un azote en la puerta causo que este despertará violentamente, comenzó a temblar por el miedo y sin poder abrir los ojos el joven sabía de que se trataba tal alboroto, el lamento causo estruendo en la pequeña habitación y por si fueran poca cosa además de los dolores ahora Sigfried debía de asimilar un terrible desenlace. El lamento paró por un instante y el muchacho logró sentir como la presencia se acercaba a su lecho para tocarlo, la respiración del ente estremecía todo el ser de Sigfried – este es mi momento… - pensó el joven mientras sollozaba por dentro.

- Detente quieres…! Él no será como tu así que déjalo en paz, vete de aquí antes de que pierda la paciencia y borre tu pobre existencia del mundo al que te has aferrado tanto… -

La voz de Sir Drake, era firme y segura y gracias a ella el lamento cesó de inmediato y con la advertencia un ventarrón giro por la habitación y al salir la puerta se azotó con fuerza. Eso fue todo, debido a la adrenalina el dolor aminoro en gran medida y las preocupaciones por el dolor de cabeza y la fiebre era lo que menos entretenía a Sigfried, quien era el caballero, que poder tenía aún incluso sobre tales fenómenos, si llegaba el tercer día, Sigfried ya tenía preparada una larga lista de preguntas esperando respuestas.

Cuando la mañana por fin llego, Sigfried se sentía completamente recuperado, los dolores ya no estaban así como la fiebre y la insoportable migraña. Sigfried dirigió la mirada al banco donde se encontraba la bandeja y la encontró por tercera vez llena de comida, que ahora sabía estaba dispuesta para él. Sir Drake en este día no se encontraba en el pequeño cuarto, el libro que estaba siendo escrito se encontraba cerrado con la pluma guardada entre hojas a la mitad del tomo.

La puerta se abrió lentamente y detrás de sí entró el caballero quien levantó la pequeña bandeja para luego acomodarse en el banquillo a un costado de Sigfried.

- Y bien, como te sientes…? –

- Mucho mejor ahora… maestro por qué…? –

- Perdóname Sigfried, pero cuando le envié la carta a tu padre, le hice prometer que tu formación no sería diferente a la nuestra, por lo que también le prometí que tendría una compensación de por vida si tú fracasabas en esta dura prueba… -

- Quiere decir que mi padre también pasó por esto…? –

- Así es, todos lo hicimos –

- Con que fin?! –

- Se le llama la prueba de vida, a veces, la voluntad de querer conseguir algo no es suficiente para lograr lo que queremos, a veces, todo depende de nuestro cuerpo, mente y espíritu y ya me has demostrado que eres alguien que merece ser entrenado por lo mismo –

- Que fue lo que me dio? –

- La bebida, en ella se encontraba un parásito descubierto hace siglos, se utilizaba para torturar a los presos de guerra para obtener secretos o para castigar a violadores y herejes al reino. En un punto de la época, necromantes y estudiantes de medicina descubrieron por error que el parásito mejoraba el tejido humano internamente, mejorando los canales eléctricos de los nervios y apagando otros sensores, como los del dolor o el cansancio, esto sólo se lograba si varios parásitos eran huéspedes del cuerpo ya que se distribuyen por todo el cuerpo y sobre todo en la espalda dentro de la espina dorsal, el parásito por si sólo termina destruyendo al cuerpo por consumo, pero, en grandes cantidades se ataca así mismo como una especie de supremacía pues las toxinas que mejoran al cuerpo humano son las mismas que hacen que ellos se maten entre sí. Dentro de tu cuerpo había cerca de veinte de esos parásitos y los dolores que sentías eran ellos emanando las toxinas, al final, un parásito ha logrado crear una toxina tan poderosa que ha acabado con sus rivales, pero lo ha debilitado tanto que terminó muriendo, tu cuerpo comenzará a asimilar esas toxinas con el tiempo y a partir de ahora te aseguro que nunca te enfermarás o te cansarás tan fácilmente, tu cuerpo ahora tiene nuevos límites, pero falta preparar tu mente para conocerlos y controlarlos. –

- Significa que entonces yo iba a sobrevivir de todos modos...? -

- Es correcto -

- Usted dijo que se le llama la prueba de vida, pero la realidad es, que en ningún momento el que toma la prueba se encuentra en peligro.... -

- Veras, es tanto el dolor, la desesperación y la angustia, que no permanecí a tu lado para vigilarte, sino para concederte tu último deseo, si tu hubieses deseado terminar con el sufrimiento, era mi deber y mi promesa para con tu padre cumplir ese deseo, pero en ningún momento tuviste flaquezas, ahí es donde radica la verdadera prueba de vida Sigfried... -

- Creo que entiendo… y maestro esa presencia la última noche… usted? –

- Lo que presenciaste fue real, pero que te sirva como preparación Sigfried, porque desde el momento que decidiste convertirte en caballero, tu ya no pertenecías a un mundo ordinario –

Con la brisa matutina, una ligera neblina era esparcida por los alrededores, la humedad del aire y el descenso de la temperatura, lograban menos apetecible el despertar para el aprendiz de caballero, el ansia de aprender sin embargo, no menguó dados los primeros tres días y lo liberó del enclaustramiento de la cama, dispuesto y sin deseos de permanecer más tiempo ligado al lecho, Sigfried desayunó plenamente y se encontró con Sir Drake en la plaza principal, quien continuaba en su escrito bajo la sombra del manzano, con el que alimentara al joven a lo largo de su primera prueba.

- Maestro, estoy listo para ser entrenado –

El entusiasmo era notable en las palabras del muchacho, mantenía el perfil erguido y la barbilla apuntando a su maestro, desafiante, Sigfried aseguraba en aquel momento que incluso estaba listo para batirse en duelo con aquel hombre aletargado, de figura tranquila y amante de los libros; deseaba poner a prueba sus nuevas capacidades, desde su despertar, bien pudo percatar la gracilidad de sus movimientos y el repentino aumento de fuerza.

- ¡Potencialidad! –

Farfullo el caballero, sin detener su escritura. El joven, por otro lado, perdió toda la elegancia de la compostura y se ahogaba en la duda, una mano fue llevada a la barbilla y otra acariciaba su ya desordenado cabello, Sigfried fue desarmado con una sola palabra, para la cual no encontraba significado.

- Potencialidad – Repitió Sir Drake, esta vez, cerrando su libro, empalmando entre sus hojas, la pluma que tan seguido utilizaba últimamente.

Sir Drake recostó su libro sobre la banca de mármol blanco, degustaba impasible una manzana que tomó, momentos antes, del árbol de junto y sin responder aún a las preguntas contenidas de su alumno.

- Días como este, serán aprovechados para el aprendizaje, un verdadero caballero utiliza su intelecto, antes que su fuerza. –

El caballero retomó su lugar de descanso, invitando al muchacho a sentarse de frente a él. Sigfried apaciguó la fuerza acumulada en piernas y brazos y se desplomó sobre el suelo con bastante pesimismo y desgane. Drake se sonrió de la actitud que su alumno tomaba, se descubría así mismo como verdaderamente era; su carácter impetuoso, chocaría posiblemente, en algunas ocasiones en las que Sir Drake tuviese que enseñarle las bases de razón, algo que implicaría esfuerzo para ambos, de uno para escuchar y del otro para no aburrir.

- Maestro, que quiso decir hace un momento? –
- Todo tiene carácter de convertirse en algo más, ese cambio se puede dar incluso en ideas abstractas, cómo los pensamientos y, desde luego, en el estado de vida de un ser humano –

El joven se recargo sobre sus manos para descansar la espalda, el brillo en sus ojos era nulo, la chispa de inteligencia estaba aún apagada, como lo comenzaban a estar los ánimos del caballero para seguir con una conversación con tales tecnicismos.

- Toma por ejemplo a ésta manzana, alguna vez fue semilla, la conjunción del tiempo, la tierra, el agua y el sol, dieron como resultado, el fruto que estoy comiendo ahora, así como el árbol que tengo a mis espaldas, eso explica la potencialidad a un nivel visible –
- Todo lo visible tiene potencialidad? –
- No debería decir que si, pero lo haré, ten en cuenta, de que a veces la vista no es el único que sentido que logra captar el cambio de las cosas –
- Y cómo aplica la potencialidad para las personas? –
- Tu padre es un muy buen ejemplo. El también fue caballero al igual que yo, pero además, ambos tuvimos y tenemos la potencialidad de convertirnos en padres –
- Fue el destino entonces? –
- Definitivamente no, el destino aquí no entra en materia. Me refiero, a que todo y todos tienen opciones para elegir, tu padre, siendo caballero decidió tomar la opción de convertirse en padre, esto claro, reforzado por el hecho de haber conocido a tu madre. Tu padre, en su soltería tuvo potencialidad, para ser esposo y marido, y posteriormente, para engendrarte a ti –
- La potencialidad no es una fuerza –
- Correcto! La potencialidad, es el nombre que se le ha dado, al infinito de posibilidades que las cosas tienen, para convertirse en otras. El ser humano, es el que tiene mayor potencialidad de todas las cosas y animales –
- Por qué? –
- Porque el ser humano puede elegir. Por ejemplo, fue decisión tuya ser caballero, o no? –
- Tuve potencialidad para ser caballero, al igual que la tuve para ser mercader viajero como mi padre –
- Y así como sin duda tuviste muchas otras opciones a elegir, tu potencialidad simplemente, te ha llevado a escoger la que más se apegará a tu estilo de vida. –
- Pero maestro, que tiene eso que ver con la enseñanza para caballero? –
- Me refiero a la toma de decisiones –

La frágil atención de Sigfried lo llevaba a perderse en montones de conjeturas inútiles, difícilmente lograba ligar a la potencialidad con la toma de decisiones. Su esfuerzo, aunque pobre, no paso desapercibido por su maestro, quien comenzaba a dudar de la brillantez del muchacho, aunque quizá era debido a lo complicado del tema – Desearía que Zuria estuviera aquí… - pensó Drake, soltando un suspiro para relajar a ambos, el caballero continuó con la explicación.

- La potencialidad es el número infinito de posibilidades, la toma de decisiones, sirve para hacer de la potencialidad, un fin notable y último –
- Entonces sólo los seres humanos pueden tomar decisiones maestro –
- Es verdad, pero, la potencialidad yace aún en los demás seres vivos –
- Y quien decide por ellos? –
- La naturaleza –
- Que no el hombre esta dentro de la naturaleza? –
- Muy bien, pero el hombre se ha desligado de ella con su propia inteligencia – ´

El maestro se detuvo un momento para admirar la expresión en el rostro de Sigfried, la imagen era desalentadora en todo sentido, de modo que el caballero suspiro de nuevo para encontrar esperanza en sus adentros, era importante exponer todo esto al muchacho, tal vez Drake fue demasiado rápido en materia.

- Sigfried, sabes leer? –
- Leer…? Lo básico maestro, mi padre me dio la enseñanza, siempre que no estuviera de viaje –
- Ya veo, ya desayunaste? –
- Si maestro, el pescado y las frutas han sido más que suficientes –
- Bien, ven conmigo, oh, por cierto, te bañaste verdad? –
- Si, justo antes de reunirme con usted, tres días sin hacerlo es demasiado –
- No tanto… -
- Qué? –
- No nada, vamos –

Maestro y alumno se dirigieron hacia la torre llamada del honor, la primera de cinco. Al estar de frente a ella, el joven caballero pudo concebir su verdadera magnitud. La construcción constaba de cinco pisos, distribuidos en una biblioteca, ubicada en la última sección, un cuarto de dormir ubicado justo debajo de la biblioteca, seguidamente una habitación sin muebles, tan sólo un gran espacio vacío y cuyo suelo, se deformaba en un desnivel que daba forma cónica y que desembocaba en lo que parecía ser, una gran bañera; debajo de esta sección, estaba el cuarto que contenía las provisiones, como lo eran, mantas, velas de mano con sus respectivos soportes y otros utensilios, pero nada de comida. Todos los niveles, con excepción de la biblioteca, contaban con cuatro ventanales colocados a lo largo de la circunferencia, cada nivel estaba conectado por escaleras laterales asidas a las paredes, la torre estaba acondicionada para ser habitada, Sigfried esperaba algo más que eso. Ambos ya se encontraban dentro, en la primera sección.

La única puerta de acceso estaba diseñada con tres cerraduras diferentes, casualmente ninguna estaba asegurada. Drake se adentró al edificio y seguido de él estaba Sigfried.

- Quédate aquí un momento –

Dijo Sir Drake, el joven despreocupado, aceptó la orden, mientras aprovechaba la ausencia de su maestro para inspeccionar el lugar. Un golpe seco se escuchó a la salida del caballero, la puerta había sido cerrada y los seguros fueron colocados con el simple girar de una perilla ubicada al centro de la puerta. Sin alarmarse, Sigfried se acercó a ella para abrirla nuevamente, su intento fue frustrado desde el principio, esta vez, la puerta no cedería tan fácilmente.

- Maestro! Me quedé encerrado! –
- No, yo te he encerré a propósito –
- Que dice? Por qué?! –
- Ves esos cerrojos de tu lado de la puerta? –
- Si, cómo los abro? –
- Simple muchacho, con sus respectivas llaves, las cuales están escondidas en tres libros diferentes de la biblioteca al último piso –
- Debo encontrar las llaves entonces? –
- Si es ese tu plan, de una vez te digo que no saldrás de aquí jamás, pues ni yo mismo puedo abrir los cerrojos –
- Y que hago?! –
- Que más muchacho? Leer, ponte a leer, cuando encuentres las llaves, podrás salir para responderme a esta pregunta: ¿Qué es lo que le da su peso a una espada? –
- Pero, maestro y la comida y el aseo? No entiendo muy bien lo que me esta diciendo –
- De la comida no te preocupes, yo me haré cargo, en cuanto al aseo, encontraras una habitación vacía, los desagües en ella están diseñados de tal forma que parten desde la cima de la torre y llegan al centro del cuarto, el agua se arremolinará en una fuente improvisada que se vaciará así misma cuando el peso active un tapón que se remueve por presión, es decir, cuando se llene la fuente, tendrás por lo menos, cinco minutos para asearte antes de que la fuente se vacié sola –
- Y de donde sacare el agua maestro?! –
- Sólo debes esperar a que llueva, no te preocupes estamos en época de lluvias, estarás bien Sig. Si me disculpas, debo terminar mi libro y después partiré a la ciudad cerca de la isla para traer algunas cosas que hacen falta –
- Maestro!! –

Drake se había ido, dejando a Sigfried en un silencio terrible que se filtraba por dentro de la piel con el frío de la humedad y el polvo del aire. La vista que percibía no era complaciente y todo ahí le ordenaba salir cuanto antes, ésta era un rostro de la caballería que el joven no imaginó. Inspeccionando con mucho cuidado el primer cuarto, alguna palanca improvisada sería hallada, más no fue así, en el cuarto no existía nada que pudiera forzar la cerradura, o todo era muy grande, o pesado, o pequeño o blando.

En un vistazo más cercano, el joven descubrió que las cerraduras estaban adornadas, cada una tenía un grabado diferente, pero grabados que al fin y al cabo, resultaban familiares para Sigfried – Donde he visto estos símbolos antes…? – Como rayo, la respuesta retumbo por su mente, era obvio, tales símbolos representaban una virtud, algo que sir Drake había mencionado noches antes: “Debajo de cada retrato esta escrita la virtud por la que cada uno sobresalió”, pero la luz de la inteligencia pronto fue nublada con la frustración, de cualquier modo, tales grabados no le decían nada al aprendiz, pues aún no conocía su significado.

- Piensa Sig, piensa. Son 13 caballeros, eso significa que son 13 virtudes, pero cinco son las principales, pues cinco son las torres que tendré que sobrepasar, de acuerdo… -

Vagas conclusiones se arremolinaban en su cerebro, pero todas terminaban en un huracán de desesperación en vista del escaso cúmulo de pistas y conocimiento. Comprendió al menos, que para encontrar respuestas, el mejor lugar, era aquel en donde la información estaba acumulada, sin más que decidir, Sigfried realizó su ascenso hasta la biblioteca. Una vez ahí el joven se encontró con una habitación circular como las anteriores, salvo que al centro, un enorme dibujo yacía sobre el suelo, un escudo de armas, representado por un águila y dos lanzas detrás de sí, era el mismo escudo con el que Sigfried logró encontrar a sir Drake en Quirargra. Desde el centro, anaqueles de libros estaban erguidos con capas de polvo sobre sí, como testimonio de los incontables años que habían transcurrido, en total, eran trece anaqueles, pero en cada uno, el número de libros variaba entre 400 y 500 libros. Pronto, los símbolos en cada parte derecha de los anaqueles dieron idea, de que tal, era el orden en el que estaban numerados, Sigfried recordó, que el primero era siempre el capitán, ese era el anaquel que estaba en primer lugar, a un costado de sigfried, y que en dirección a la izquierda seguían los demás, el segundo en el orden debía ser Drake, lamentablemente, Sigfried estaba confundido con el orden de los que seguían.

Dentro del orden simbólico de los anaqueles, Sigfried pudo encontrar, los mismos símbolos de aquellas tres cerraduras que le negaban el paso a la libertad. Los símbolos de las cerraduras estaban en los anaqueles, cuatro, nueve y doce, respectivamente, de tal suerte que el joven presintió que lo más obvio sería revisar primero, el anaquel con el menor número de libros, esta conclusión lo llevo de frente al anaquel cuatro, en él, efectivamente los libros eran menos que en aquellos que no hubo escogido, pero eso no era alivio, ya que los libros que tenía en frente eran de un grosor que bien podía equiparar al de dos o tres volúmenes de los otros anaqueles. El primer paso, era revisar el grabado de cada lomo de los libros, sobre estos, los dibujos eran los mismos y tal parecía que no habían más patrones que descubrir, pero, ¿con cual comenzar? ¿Acaso debía leer todos los libros del anaquel?

La desesperación dio la respuesta, pronto la mitad del anaquel se encontraba sobre el suelo, las hojas estaban abiertas y las palabras se entremezclaban sin dejar entrever mensajes claros, el joven continuó tomando libro por libro, revisando entre paginas si por alguna razón en entre alguna de estas, encontraría la llave que pudiera abrir alguno de los cerrojos, pero no daba con ella y los libros escorados comenzaban a acabarse uno tras otro, enterrando al violador de la paz, desde los pies hasta por debajo de las rodillas. Al terminar, ninguna llave fue encontrada y los estantes empolvados no mostraban indicios de compartimentos o espacios que pudieran contener algo del tamaño de una llave, - Quizá conté mal – no era posible, el símbolo del anaquel era idéntico al del cerrojo, algo entonces estaba siendo dejado de lado, al bajar la mirada, las palabras de las hojas que eran leídas con la vista resonaban en su mente, no había en mensaje entre líneas y en otras, las mismas palabras eran del todo desconocidas para el joven aprendiz.

Sin embargo, una palabra sobresalió a todas las demás “Potencialidad” Sigfried tomó el libro, el peso de este era ligero, las paginas eran pequeñas y las palabras resultaban familiares para la poca experiencia de Sigfried, al cerrar el tomo, el joven leyó en la portada el nombre autor del libro: “Zuria de Hassa”, de igual forma el título del libro indicaba claramente, que la sospecha del joven no era del todo equivocada. “Las llaves de la caballería”; Sigfried se dispuso a revisar entre sus hojas, de no encontrara nada, se decidiría a leer el contenido, pero antes, escoró de nuevo los libros derribados entre las repisas. De nueva cuenta, ninguna llave fue encontrada entre las páginas del tomo, esta vez, Sigfried debía buscarla entre las palabras.

Fuera de la torre, el caballero se encontraba ya en la orilla de la isla, después de remendar una modesta balsa, preparo su camino de regreso al puerto. Al llegar ahí la vida transcurría de manera cotidiana, las ventas no aminoraban el paso, las personas regateaban los precios o conversaban acerca los últimos días, en los que la venta y la llegada de personas estaban al alza, al parecer, Grisso estaba de buen humor con el pequeño poblado, sin duda una gran ceremonia debía llevarse a cabo para agradecer la buena fortuna.

Ya en puerto, Drake encontró por fin la pequeña taberna a la que días antes, le prestara atención, aunque la presencia de Sigfried, no le permitió en dicho momento, darle el interés que hubiera preferido. Una vez dentro, Drake se sentó frente a la barra – Cerveza ligera por favor – el tarro se deslizaba entre sus dedos y pronto, el caballero se refresco la garganta con la bebida helada, al menos dentro de las barricas, la temperatura era lo suficientemente baja, para mantener el liquido en estado fresco para disfrutarle. – Bueno, ya estoy aquí, ahora sólo queda esperar – Sir Drake habló para si mismo. Pocos momentos después entraron tres hombres, de avanzada edad que se sentaron junto del caballero y de igual forma, entre sus manos, la cerveza corría como en aquellas ocasiones en las que se celebra algo importante.

- Ahh! Esta cerveza sabe tan bien, como la libertad que por fin respiro, después de haber pasado tantos años al servicio de filibusteros –
- Tuviste suerte Exces, pensamos que ya nunca más te veríamos por aquí –
- Y cuantas veces no deseé morir por las noches al llegar a la misma conclusión que tú, pero no estaría aquí, de no ser por ese valiente muchacho… -
- Es verdad, por favor Exces, cuéntanos lo sucedido, ya que mencionaste que el mismo príncipe de Gelza te salvó la vida y nos dejaste sorprendidos, pues toda la familia real de Gelza fue asesinada en una rebelión –
- No hay mentira en mi historia Brito, brindo por el príncipe Rhade, quien ahora debe estar bajo fango y sangre, lecho de muerte en el que muy bien este viejo pudo ser mejor recibido –

“Es verdad, la familia real de Gelza, la familia Delso, contaba en ese entonces con el rey Delso II, la reina Amelia, sus dos hijas Luz y Dina, de veinte y dieciocho años; y el menor de la familia, el joven Rhade Delso de Gelza, quien a la edad de ocho años, fue testigo de la brutal muerte de toda su familia, se creía incluso que el pequeño Rhade corrió con la misma suerte aquella fatídica noche. Yo también lo pensaba, hasta que vi con mis propios ojos, a aquel joven de aproximadamente dieciocho años rescatarme de las manos de esos bandidos, ese joven portaba en el cuello el escudo real de la familia Delso, no pudo tratarse de alguien más, lamentablemente yo corrí despavorido y perdí rastro del príncipe y de los bandidos”

- Nunca lo sabremos Exces, sólo podremos agradecer el noble sacrificio de ese joven, por tenerte hoy aquí, pero cabe mencionar, que es muy triste, la realidad que se vive en los límites de Gelza, nadie nunca imaginó, que tan prospero lugar se convirtiera en madriguera de bestias e inhumanos –
- Es verdad, de ese reino ya no se puede rescatar nada, tan pronto los alrededores sean cubiertos por el pantano, mejor para todos, y con el tiempo el legado Delso quedará sepultado bajo tierra. Es el precio que la familia Delso tuvo que pagar, a cambio de malos tratos y altas retribuciones, ellos sentaron las bases para su extermino a manos de la ira y la inconformidad. –

Sir Drake, que había escuchado toda la historia, sacó de su bolsillo un par de monedas de plata, que alcanzaron cubrir por el consumo, los viejos de junto no prestaron atención al hombre que se alejaba. De nuevo en el puerto, el caballero se encaminó al mercado principal en donde se abastecería de alimento en grandes cantidades, mientras que reflexionaba seriamente dentro de sí – Así que tu nombre es Rhade; ya veo, Sig debes salir cuanto antes de la primera torre, para comenzar tu entrenamiento lo antes posible. -

En otro lejano lugar, en una zona lodosa y en épocas de crudo invierno, una fogata era alimentada con resquicios de madera pútrida y mantas de piel seca que se consumían en segundos. El gran manto nocturno se expandía como el interior de una campana, en la que un pequeño punto de luz rompía con la inmensidad, varios hombres estaban aparragados entre sí para soportar el frió, y algunos otros se mantenían ocupados en recolectas de alimento o bien, liberando el calor, con duras peleas.

Pocos eran los escombros de grandes paredes que se levantaban con miedo, ante las demás convertidas ahora en ruinas cubiertas por tizne y nieve grisácea. No había más techos que resguardaran los umbrales hambrientos. Justo pago tal vez, por una vida de hurto y bajezas instintivas. Por todas partes, los hombres se descansaban como mejor podían, su única meta, era sobreponerse de la mortal sanción de la noche.

- Señor Moritz!, señor Moritz! –
- Que sucede Kadal, que es tan importante ahora?
- Ha regresado mi señor –
- Tráiganlo ante mi –

Ante Moritz, señor de los ladrones y derrochadores del reino de Gelza, fue llevado el intruso, de cara bien conocida, para todos los ahí presentes. El joven prisionero presentaba muescas producidas por los golpes, dura paliza de cinco valientes, de mayor edad, tamaño y fuerza; que las que el pobre iluso, presentó al momento de intentar, ya por cuarta ocasión, recuperar las tierras que por herencia le pertenecen.

- Aquí esta señor Moritz - (El hombre empujo al joven al suelo, de donde difícilmente quiso levantarse, pero la dignidad ahora, era fuerza suficiente para levantar la cara)
- Has regresado de nuevo muchacho, te felicito, pero bien sabes que aún no es suficiente, debes ser muy agradecido; te he permitido vivir en mis tierras y te he permitido alimentarte de ellas, sólo hasta el día en el que puedas pasar sobre mis hombres, y con tus propias manos, termines con mi existencia –
- Te matare… -
- Ja! Cuantas veces ya he escuchado esa promesa de ti, Rhade, Hijo de Delso II, antiguo señor de los parajes helados de Gelza, date cuenta de que este reino, repudió por muchos años a sus amos ingratos y con justo derecho, retomaron aquello que fue suyo desde el principio –
- No tenían derecho… -
- Es verdad, nosotros tal vez no, ya que somos bandidos, los aldeanos nos usaron para matar a tu familia, pero luego yo vislumbre que este lugar presentaba un cómodo lugar para recuperar fuerzas y buen dinero, aunque no nos interesa quedarnos más tiempo, tienes hasta el verano muchacho, para recuperar tus tierras, de cualquier modo partiremos en ese entonces. Si en ese entonces no consigues matarme, nunca recuperaras el orgullo, del que tanto presumes. –
- Te matare… -
- Jajaja! Y te deseo suerte. Te doy paso libre de regreso al bosque en donde en compañía de los lobos, deberás aprender a sobrevivir y en donde deberás aprender, que el matar, es algo necesario para la vida. –

Con ímpetu mortecino, el viento del sur se escondía desesperado entre hojas que caían o por entre ramas que rasguñaban incluso al espíritu de la noche; ésta apenas y ayudaba cual colcha protectora, para el plumón de seda gélida recién pintada sobre las marchitas copas de los árboles, un enjambre desatado sin siquiera poder saber de donde provenía, sin presa fija, el viento marcaba su presencia, negando, ante todo, la sutileza con la que a menudo era tan proclamado.

Debajo, un fútil intento para igualar en número a las estrellas en el cielo, se liberaba copiosamente desde el cielo, pronto, las lágrimas de hielo reemplazaron el tono usual, por un lánguido blanco, celosamente no permitía escapar color alguno y que de igual modo, no capturaba ninguno que naciera del brillo de la luna, no en esta noche, ya que por cada copo de nieve, una semilla de muerte era sembrada.

No era más que otra prueba exitosa, con tal de demostrar que el olvido, al final de una cantidad de tiempo largo o corto, siempre se antepone al recuerdo y permanece; que mejor lugar entonces ha escogido el olvido para descansar sus cansadas garras, luego de rascar la piel de esta tierra y a los desgraciados habitantes que aún viven en ella; que mejor lugar para que desde las entrañas de esta tierra, el olvido por fin pudiese encontrar a su igual en terquedad; pues tan fácil es olvidar como dejarse morir y se apetece mucho más, en una noche como esta; fácil en verdad, pero no permisible.

Al calor del fuego, el recuerdo se mantiene con vida titilante, a salvo, alimentado del odio, de la ira, de la impotencia; que nacen del corazón y se moldea entre brasas y chasquidos fulgurantes del joven fuego. De la cenizas, aún ardientes, la espada de la venganza por fin esta lista para ser empuñada, grabado en mano, la única misión que porta es la de permitirse ser inmisericorde contra el olvido, pero generoso con la venganza; como retribución, el recuerdo de una vida será borrado al final, pero aquellos que han dejado este mundo, podrán continuar viviendo en el.

Pero la espada necesita ser puesta a prueba, sólo un tonto se siente seguro con un cuchillo de cocina, hasta que descubre que en la oscuridad, el cuchillo era en realidad una espada de hoja firme. Así pues con funesto tajo, la cabeza de un gran oso es desprendida desde la raíz, la sangre es bien aprovechada, debido a que esta seca en poco tiempo, el joven decide bañarse en ella para contener el calor de su cuerpo; de la carne, toma sólo lo suficiente ya que en esta noche deberá ser ágil y cauteloso; con la piel, un abrigo es maquilado con hilo grueso, lodo y pasto seco. Así, en el resguardo de la cueva de los recuerdos, el joven Rhade alimenta su espíritu junto del fuego, la misma llama que ha jurado encandecer hasta el día en el que el olvido no sea más y permita al recuerdo permanecer por siempre. Dentro de la cueva, el joven, ahora hermano de la llama, arden por dentro, desde lo recóndito de sus seres alimentándose de los pocos recuerdos que se consumen como la madera. Esta noche, el vestigio familiar nuevamente será intento de recuperarse, a costa de morir y de ser olvidado, pero esta noche, olvidar no es permisible.

Con el primer mes por detrás, Sir Drake comienza a inquietarse un poco acerca de sus previas conjeturas respecto del muchacho – No, yo sé que es él – se reconforta a sí mismo. La estancia en la primera torre se extiende y cuanto más puede tomarle, eso sólo depende de Sigfried. Con tal de relajarse, el exasperado caballero, realiza una remembranza de los últimos días; días de mucha lluvia realmente, algo bueno para las condiciones de claustro de su alumno; días de viajes al mercado en puerto para aprovisionarse, pues al parecer, el significado de la palabra “racionar” no se encontraba dentro del, de por si, ya escaso vocabulario del aprendiz de caballero. Entre conjeturas, enlaces y analogías, Sir Drake comienza a imaginar; que para dichas fechas, su hijo bien podría estar celebrando los 17 años de edad; e imagina de igual modo que su esposa la espera en casa, en donde cuida de su segundo y tal vez tercer hijo o hija; cuando el sueño termina en pesadilla con el canto del búho, el llanto de un bebe y los gritos desesperados de una mujer se ahogan entre los llantos de la gente y la caída de la enorme casa envuelta en llamas, cuyos cimientos son devorados en segundos, no hubo sobrevivientes. – Milena – las lágrimas del caballero bañan el suelo a sus pies, de los cuales únicamente dará fruto la melancolía.

Un mes encerrado. Sigfried estaba mucho más que desesperado y al punto del desastre emocional, pasados eran ya los días en los que deseó bañarse con agua de lluvia, optó mejor por usarla para las cuestiones fisiológicas, aún así, el hedor que emanaba del joven era en verdad desagradable, el almizcle de sudor entre sus ropas estaba impregnado entre libros y gavetas, desdeñadas en busca de la salida del insoportable encierro. “Las llaves de la caballería” fraude equiparable tan sólo con la decepción, al descubrir la farsa detrás de tantas palabras, la mayoría confusa. Sin embargo, una frase había estado rondando por la cabeza del muchacho, quien en su desesperanza, comenzaba por darle justo valor a sus locuras, considerando que la peor de todas, era la de permanecer encerrado de por vida – Un caballero, hace lo que sea necesario. Primera regla de la caballería – repetía Sigfried y continuaba haciéndolo con cada paso que daba alrededor de la biblioteca. Su primera pregunta fue respondida al instante con los remanentes de cordura – No puedo romper la puerta, pues no tengo con que – a Sigfried le esperaba una larga noche de deliberación, antes de poder determinar cual sería su ruta de escape.

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- Ya conoces el verso –
- Dilo! –
- Bien, todo con tal de poner en paz a tus dudas, lo haré:

La choza era demasiado pequeña, tanto que el hombre se encogía de hombros, su complexión nunca fue algo de lo que pudiera presumir, pero dadas las condiciones, pudo sentir por un momento, como debía sentirse un gigante en casa de los humanos. La iluminación no era algo que gustara de la anfitriona por otro lado, aunque numerosas, la velas poco podían hacen contra la oscuridad que ahí reposaba. La vieja, sentada de frente al hombre, comenzó su verso.

“Con la muerte de los dos dragones, Diveltho, el dios que es juez y verdugo exclamara tormento contra aquellos que hayan vivido con injusticia”

- Cómo revive Diveltho? –
- La sangre es la clave; sangre de los dos dragones, y de los once familiares –
- Familiares? –
- Profetas de Gaudhi y protectores de Merthe -
- No hay salvación? –
- Merthe es la única que puede abogar por nosotros –
- Cómo? –
- Si los once familiares viven, Merthe podrá venir a nosotros –
- Eso es inútil ahora –
- Entonces, prepara tu mente y cuerpo para el juicio –
- Aún hay esperanza, la sangre de los dragones puede no ser derramada –
- Puedes creer en lo que quieras, eres libre de hacerlo, pero el dragón que todo lo ve difícilmente se equivoca en sus predicciones –