Es curioso como las personas se arman de nuevos valores conforme el andar de los años, en algunas ocasiones las personas se escudan de los valores de los demás, otras veces las mismas personas se dedican a destruir los de otros y la mayoría en general no puede ser fiel a los suyos y termina por lo tanto viviendo tristemente. Aun un hombre de gran virtud ha sucumbido a sus propios prejuicios o lamentos y cae en un agujero tan profundo como el mismo lo desee para tocar fondo de igual forma, solo cuando él lo desee...
Quirargra, principal capital de Crissova.
El día en crissova era bastante movido, justo como los anteriores, millares de gentes y sus murmullos circulaban por las paredes de piedra caliza y adornos de mármol tallado, las calles eran de cubos de roca con sellos de la familia real, esto para recordarle al pueblo, que los pasos que se toman a diario son encaminados hacia y por la familia real y el reino de Crissova.
Una muralla que rodeaba a la ciudad la mantenía al margen de los viajeros y en general del mundo exterior, los muros eran tan altos que el sol difícilmente podía pasar de un extremo al otro, en las afueras de la ciudad se encontraban hectáreas de campos de cultivo y pastizales para ganado, algunas millas al sur se encontraba el puerto de comercio, la principal entrada económica para Quirargra y gracias al cual, se convirtió en la ciudad mas prospera de Crissova y por lo tanto en su favorita a rendir impuestos..
Al extremo de todos los campos y alejándose por kilómetros se encontraba otra muralla, la primera defensa de Quirargra en caso de una invasión, aunque estos muros no eran tan altos como los principales, derribarlos no resultaría en una labor delicada para cualquier ejercito, además de que se encontraba aproximadamente a medio día de la ciudad, lo que terminaría agotando a los hombres y para cuando llegasen a la segunda muralla serian arrasados fácilmente en un ataque masivo y defensivo.
Cerca de la primera muralla se encontraba una carreta de víveres que se tambaleaba de un lado a otro por el camino escarpado de la carretera principal, con grandes planicies color verde a los costados y un cielo despejado por sobre sus cabezas, un hombre de unos 50 años que guiaba a dos bestias de carga resultados de la cruza de un asno y una yegua enferma, la carreta trasportaba envases, menjurjes, víveres y comida empaquetada, en un rincón y envuelto en una manta de viaje se encontraba un joven adolescente de unos 15 años de edad. El camino bifurcaba a varios metros antes de la puerta de la muralla, el hombre detuvo el vehiculo y despertó al muchacho.
-Despierta Sig. Esto es lo más cerca que podré traerte y varias veces se lo mencione a tu padre, en un mes aproximadamente pasare por aquí, si deseas regresar a casa, tendrás que estar aquí dentro de 30 días, de acuerdo? –
El joven bajo de la carreta y bostezo una vez que sus pies tocaron el suelo, después bajo una bolsa con pertenencias y con un movimiento de mano descubrió su rostro al quitarse la capucha que era parte de una capa de viaje que llegaba hasta los tobillos, un último regalo del padre de Sigfried, un joven que había dejado atrás el cabello siempre revuelto al momento de los juegos y aventuras, ahora era largo y tenia que ser contenido por las puntas con una cinta negra, del mismo color de su cabello y dos mechones caían al frente por encima de las cejas.
-Bien, muchas gracias por la ayuda, en 30 días nos veremos por si cambio de opinión, de ser lo contrario, te pido que regreses sin mí y le entregues a mi padre tres cartas que escribiré un día antes de tu viaje para que se las entregues mi familia –
La familia de Sigfried había recibido un nuevo miembro 3 años antes, una niña de cabellos rojizos y de nombre Milena, una antigua Diosa quien fuera representante del fuego, gracias a ella la atención de los padres fue dirigida a los cuidados de un bebe y Sigfried pudo tener una mejor charla con su padre al momento de hacer el viaje.
El hombre de la carreta frunció el seño y tiro de las cuerdas que sujetaban a las bestias, después de un chirrido con los dientes y un silbido estas comenzaron a moverse nuevamente, el hombre se despidió con forme se alejaba lentamente, Sigfried devolvió el saludo y luego encamino su ruta hacia la gran puerta de la primera muralla.
Al llegar a la puerta se sintió insignificante pues era tan alta como un edificio de 5 pisos, si es que alguna vez llegara existir una construcción de tal altura desde luego, delante de ella dos guardias descansaban cómodamente en una mesa y dos sillas pues era hora del almuerzo, pero ambos ya se habían percatado de la presencia del muchacho desde el momento en que bajo del vehiculo, - a que has venido muchacho? – pregunto uno de ellos mientras bostezaba de aburrimiento, el otro no se molesto en girar la vista, tenia toda su atención puesta en una pierna de pavo.
-He venido a reunirme con Sir Drake, era caballero de la corte real y amigo de mi padre –
El hombre que comía ni siquiera escucho la pregunta, el otro por el contrario se puso a cavilar tranquilamente para luego levantarse y seguir pensando.
-Sir Drake… Sir Drake… hmm no, no recuerdo a ningún Sir Drake y he estado en la fuerza militar desde hace mas de 40 años chico, estas seguro de lo que dices? –
-Claro que si, lo conocí hace 4 años cuando llego a mi pueblo por casualidad, llevaba una espada pero fue desintegrada en fuego, pero mi madre fue hábil de bordar un escudo similar de acuerdo a las descripciones del herrero, mírela por favor –
Sigfried saco un trozo de tela color gris y en ella tenia bordado con fibra azul el escudo de un águila que estaba sobre un estandarte y detrás de dos lanzas cruzadas, el guardia tomo el trozo de papel y lo examino con cuidado, - hey! – le grito a su compañero, este dejo de beber el vino del tarro y atrapo el bordado que le había arrojado su compañero, este de igual forma le presto una mirada y no le importo tampoco manchar el dibujo con sus dedos llenos de grasa de comida, después de eso negó con la cabeza y se la regresaría a su compañero, este seria un poco mas respetuoso y limpiaría los restos de comida con un poco de saliva y parte de su manga izquierda antes de devolvérsela a Sigfried.
-Ese bordado, es el escudo de armas de una legión hace ya mas de 100 años, una guardia personal y existió mucho antes de que Quirargra fuera parte de Crissova, el escudo y esa orden desaparecieron al momento de la fusión, las historias dicen que al final quedaron 13 caballeros pero ahora todos están muertos o al menos eso es lo que yo supe, creo que fuiste timado niño al parecer diste un viaje en balde. –
-No importa si fui timado, he venido a encontrar a ese caballero –
-Como desees, pero creo que será algo similar a buscar una aguja en un pajar y en este caso en particular, la aguja ni siquiera podría estar en el pajar –
-Tengo un mes para buscar –
-Muy bien, tienes suerte de que Quirargra sea una ciudad con bastante poder militar, nuestros índices delictivos son escasos, pero una vez entrada la noche, nadie puede asegurar tu seguridad de acuerdo? Así que mas te vale conseguir un lugar seguro donde quedarte –
El guardia escolto a Sigfried cerca de la gran puerta y después dio un fuerte silbido que duró al menos 10 segundos, Sigfried comenzó a escuchar muchos sonidos extraños dentro de la estructura, sonidos de metal, de engranajes y de cerrojos oxidados, después una puerta de tamaño normal pero de un grosor fuera de lo ordinario se abrió justo en frente de Sigfried, el caballero señalo la entrada y enseño un túnel de unos
El muchacho atravesó el angosto túnel y al final quedaría asombrado del largo camino que le faltaba recorrer, a pie demoraría al menos un día entero, en eso, escucho un grito desde arriba de el, en una torre de vigía estaba un tercer guardia que señalaba una dirección – hay un bote en el canal, puedes usarlo para llegar mas rápido - , Sigfried siguió el consejo y a un costado del camino bajaba una pendiente y después de esta se encontraba un canal, ahí se encontraba un cuarto sujeto que fumaba una pipa cómodamente mientras descansaba en una barcaza, esta estaba sujeta por la popa y la proa de dos cuerdas, el extremo trasero terminaba en un edificio debajo de la gran muralla y el extremo delantero tenia un tiraje demasiado prolongado y Sigfried podía imaginar que esta terminaría en alguna parte del otro extremo.
Se acerco en silencio para no causar mucha molestia al hombre descansando, pero este ya estaba incorporado para cuando el joven llego al bote, - sube – dijo el guardia, Sigfried accedió y se acomodo con cuidado, después de todo ya tenia experiencia en mantener el equilibrio pues casi siempre pescaba con su padre después de que este se retirar del oficio de viajero, - te sugiero que te relajes, en bote el viaje tiene una duración de 2 horas – mencionaba el guardia en lo que sacaba un espejo redondo de 15cm de diámetro y hacia señales a la torre vigía que momentos antes guiara a Sigfried, en la torre, el guardia descubrió un espejo de mayor diámetro y comenzó a moverlo de acuerdo a la dirección del sol para hacer señales, el hombre en el bote guardo el espejo nuevamente y ahora esperaría un aviso de la torre, después de un par de minutos recibiría la señal del guardia vigía, - bueno, aquí vamos – el guardia se acomodo nuevamente en su espacio y reanudo su distracción con ayuda del humo de la pipa.
Con forme el viaje avanzaba lentamente Sigfried admiraba los campos de siembra a los lados y los graneros y molinos adaptados para la recolecta, mucha gente trabajaba en el campo, la mayoría era gente de edad ya avanzada pero hacia el trabajo con paciencia y cuidado, también paso por varios campos y observó como los pastores vigilaban el ganado, ya sea de vacas u ovejas.
El viaje llego a su fin y Sigfried descendió con las piernas un poco entumidas y un ligero mareo lo tomo desprevenido, pero por fin había llegado a la segunda gran puerta, esta no era de madera, sino de acero solidó, con remaches tan grandes como el puño de un adulto, esta segunda puerta era dos veces mas grande y Sigfried no podía imaginar como algo tan grande pudiera ser abierto y de hecho no lo hacia nunca, de igual forma, un pasadizo a travesaba el acero de un lado a otro.
Al llegar a esta Sigfried se percato de que ahora eran 12 soldados muy bien uniformados con armaduras plateadas y lanzas doradas, cada uno con una capa azul colgando sobre los hombros, al principio de todos ellos se encontraba un escribano, con pluma en mano y reposando en una silla hecha de mármol y cubierta de almohadones, Sigfried se dirigió a este por razones obvias y pidió de manera amable acceso a la ciudad, permiso que fuera concedido solo después de una larga lista de preguntas y numerosas firmas impresas en papeles que básicamente se referían a el en calidad de visitante y de haber algún altercado sus beneficios políticos y jurídicos serian mínimos.
Cuando Sigfried atravesó la segunda puerta se asombro que una ciudad blanca se dibujaba mas haya de donde sus ojos podían admirar y detrás de esta se erigía una montaña majestuosamente y sobre de esta un castillo que fácilmente podría jurársele a cualquiera que la punta de su torre mas alta rasgaba las nubes, el ruido era increíble, en su vida el joven habría imaginado tanta gente reunida yendo de un lado a otro, con cosas, con negocios, con caballos, con niños y familia, en verdad Sigfried se preocupo y decidió tomar el consejo del primer guardia y buscar primero un lugar en donde poder quedarse.
Los días en una gran ciudad se van como el agua>, pensaba Sigfried en lo que detenía su andar para descansar sobre una banca del lugar, la garganta estaba seca y la ración de agua del día se había agotado minutos antes, el mármol de los edificios reflejaba en demasía la calurosa luz del sol lo que dificultaba el andar entre las calles y entre la gente, la cual era tanta, que Sigfried no podía memorizar ni un solo rostro de los que veía, simplemente eran demasiados. El joven había arqueado la espalda para poder apoyar los codos sobre las rodillas, suspiro muchas veces y difícilmente apartaba la mirada del suelo, 26 días, el tiempo se agotaba y el actual ya estaba trascurriendo a eso de las 3 de la tarde y aun no tenia algún rastro de alguien llamado Drake que fuese caballero, según los consejos de su padre Arthur, Sigfried buscaba en talleres de madera o algunas veces en algunos de orfebrería, pero las respuestas eran las mismas.
En toda la mañana y la mayor parte de la tarde Sigfried estuvo siguiendo la pista de un antiguo herrero, alguien que fuera hijo de otro que trabajara para el reino hace aproximadamente 100 años, sin embargo, ya era un hombre de edad avanzada y se sabia que ya no podía dejar la cama en la que reposaba sus últimos años, Sigfried buscaba pues, el hogar de ese cansado herrero y su único indicio era un pequeño croquis tallado en madera que consiguiera un par de días antes en algún lugar que ya no podía recordar.
Si sus cálculos no fallaban, la casa del moribundo herrero se encontraba a otros 20 minutos de camino sobre una calle que iba pendiente abajo, el descanso termino pronto y dejando un par de suspiros y bostezos, tragó saliva seca para aclarar la garganta y levantaría el ánimo para llegar al domicilio programado.
Al llegar al lugar Sigfried admiro lo viejo del edificio, al contrario de las demás construcciones, esta aun no había sido revestida con placas de piedra para disfrazar la fachada, ese fue un gran alivio, no podía caber duda de que aquello solo podía ser el deseo de alguien que hubiera estado en la ciudad desde hacia mucho tiempo atrás. El joven dudo por unos instantes pero pudo acercarse prontamente a la entrada, tomo por el borde la aldaba al centro de la puerta y llamo golpeando lo más fuerte que pudo, al ultimo golpe se separo y espero unos segundos antes de que una humilde matrona quien miro de reojo al joven y dijo dio aviso de una manera ligeramente tosca,
Sigfried llamaría nuevamente y esta vez no dejaría escapar la oportunidad para decir,
- Niño, vete de aquí quieres? Ya te dije que mi padre ya no solicita ayudantes! –
- Señora, no he venido en busca de trabajo, por favor, he venido a buscar ayuda de su padre, necesito encontrar a una persona, después de eso me iré, lo juro –
- Que podría saber mi padre, fue tan solo un herrero muy poco conocido, su trabajo apenas y mantuvo a una familia de tres –
- El padre de su padre, de igual forma fue herrero –
- Eso no es noticia, lamentablemente la tradición se perdió cuando me tuvo a mi, una mujer en lugar de un varón –
- Ese herrero, trabajo alguna vez para el antiguo Quirargra, antes de que fuera ciudad capital, forjo un escudo especial para una orden especial, su abuelo forjo solo 500 y al final quedaron 13, quisiera saber acerca de esos últimos 13 escudos por favor… -
- Yo no se nada de lo que estas diciendo niño, como se que es verdad todo lo que dices? –
- Es por eso que necesito hablar con su padre, él deberá darme alguna otra información ya que tampoco puedo asegurar si lo que digo es verdad – -->
La señora dio un segundo vistazo a la mirada del joven, de reojo observaba las pertenencias y la complexión del muchacho, la idea de un robo bien planeado estaba descartada y la mirada del joven no mostraba duda, la señora se alejo del marco de la ventana y abrió de par en par la puerta.
- Es un hombre muy cansado, trata de no presionarlo mucho para hacer que recuerde las cosas, a veces ni siquiera puede recordar en donde esta… -
La señora dio una pequeña escolta al joven durante el recorrido por dentro de la casa, cruzaron por el cuarto principal, subieron por unas escaleras y por último entraron a la segunda habitación que se encontraba en la parte superior, no solo era el cuarto mas grande, era el único que tenia ventanas, Sigfried pudo notar durante el corto recorrido la sencillez del hogar, algunos muebles arrinconados, varias herramientas arrumbadas y numerosos artículos hechos de acero que se empolvaban en todas partes, algunos cuadros viejos colgando de las paredes y por alguna razón, solo había visto un florero en toda la casa y este se encontraba a un costado de la cama del viejo sobre una mesa de libros.
Al entrar al cuarto, la señora se acerco a su padre quien se apoyaba sobre el marco de su cama mientras este veía embelezado el ritual del mundo por su ventana, algo que hacia diariamente, escucho los pasos de su hija y la recibió con una sonrisa de sorpresa cual si ésta fuera la primera vez que ella viniera a visitarlo, la mujer acomodo la almohada del veterano y tomo un vaso que se encontraba junto al florero y lo acerco a los labios de su padre, - bebe papá, sabes que el té te hace bien – el hombre tomo el vaso con su pulso tambaleante y vasto con un sorbo para tranquilizar a su hija.
- Papá, tienes visita, un joven ha venido a verte para hacerte unas preguntas, dice que es muy importante –
Sigfried se acerco lentamente y con paso discreto, al estar lo suficientemente cerca saco el escudo de armas tejido que había estado trayendo consigo todos los días anteriores y que por lo mismo, los colores ya estaban muy desgastados, Sigfried se lo entrego primero a la señora y esta lo examino con cuidado antes de entregárselo a su padre, ella removía con mucho cuidado una que otra hebra suelta, removería un poco de sus manchas utilizando las finas uñas y al final se lo entregaría al herrero y sigfried comenzaría su entrevista.
- Es un viejo escudo…-
- Devoción!-
Sigfried fue interrumpido y pudo notar como el viejo por alguna razón comenzaba a recordar cosas que nunca antes habría hecho..
- Esto fue mucho tiempo antes de que mi padre me enseñara el oficio de herrero, ese fue el nombre con que fuera bautizada una escuadra de 12 caballeros, cada uno elegido por ser el mejor en algo y al frente de ellos estaba un capitán, ya no puedo recordar el nombre, pero entre los 12, él era el mejor. –
- Que sucedió en ese entonces? -
- Nunca se supo realmente, pero por poco tiempo estuvo corriendo un rumor de que los doce y el capitán cometieron una grave ofensa para el reino y fueron desterrados, pocos años después, vendría la fusión de reinos.-
- Que edad tenia usted en aquel entonces?-
- Oh! Tan solo era un pequeño de 4 años, mi padre me contaría todo lo ocurrido varios años después, mi padre vivió la época de oro de los 12 y no pasaba ni un día en que él los recordara por que fueron ellos quienes buscaron a mi padre para forjar sus espadas.-
- Así que ahora no hay nada que pueda saber de esas personas… -->
- Bueno…-
- Si?!-
- Cuando mi padre estaba muy cansado y ya no podía trabajar, yo tenia que atender el negocio y cuidar de mi padre en sus últimos años, pero mi trabajo nunca fue pesado gracias a que mi padre recibía visitas de 5 personajes, 3 hombres y 2 mujeres y aun cuando fueran mas jóvenes que mi padre e incluso que yo, ellos podían entenderse muy bien con el viejo de mi padre.-
- No entiendo…-
- Y yo tampoco pude y ahora que lo pienso, creo que no quisiera entenderlo, pero si tú buscas la misma respuesta que yo buscaba creo que entonces sabrás entender a lo que me refiero.-
- Entre esos 5 personajes, alguno se llamaba Drake…?-
- Así es, de los 5 siempre era el más callado, pero creo que fue el que mejor formo lazos con mi padre.-
- Y con ellos estaba un hombre de nombre Arthur…?! -
- Arthur? Arthur…? Hmm no, no había ninguno con ese nombre, pero con forme los años pasaban el grupo se redujo hasta que solo uno podía visitar a mi padre…-
- Drake…-
- Es correcto y estuvo aquí hasta el día en que mi padre partiera y se despidió de mi, de un hombre de 56 años en aquel entonces y él siempre aparentando tener 30 –
La platica transcurrió por unos minutos mas hasta que el cansancio se apodero del viejo e irónicamente la gran información que presto el viejo solo despertaba mas preguntas en la mente de Sigfried, al estar ya en la entrada de la casa se despidió agradecido de la mujer y cumplió la sencilla promesa de no regresar a ese lugar.
La mente de Sigfried estaba hecha un desorden, si todo lo que el anciano había contado momentos antes, la diferencia de tiempos era irracional, estaba también el asunto de la relación de su propio padre con ahora tan misterioso caballero, de igual forma su padre, Arthur, caía en el mismo contexto,
Aun quedaban varias horas antes de que el sol se escondiera entre los muros de la ciudad, con la última información recolectada Sigfried ahora se dirigía hacia una taberna llamada “Los mejores días” de acuerdo al relato del herrero, aun cuando su padre recibiera visitas a menudo de los 5 personajes, solo había un día del año en el que se presentaban solamente 4, el vigésimo día de la temporada de otoño, el herrero también le contó a Sigfried que los 4 que asistían a la visita se disculpaban por el ausente, quien tan solo quería recordar “los mejores días” el herrero le confeso que en ese entonces existió una taberna con el mismo nombre y que no por nada era la mas popular de la ciudad, en los días actuales, la misma taberna tendría ya mas de 40 años de servicio.
Los pies del joven lo condujeron hacia el centro de la ciudad, en donde había mas bullicio y en donde por alguna extraña razón ya no había tanta presencia de guardias reales para mantener el orden, siguiendo las direcciones del herrero Sigfried pudo llegar sin mas problema al lugar el cual desprendía hedores de orín y de vomito a la entrada del establecimiento, cuyo letrero de bienvenida apenas y podía ser distinguido, si esta fue alguna vez la mejor taberna de la ciudad, sin duda alguna, ahora era la peor.
Sigfried contempló por poco tiempo la fachada del lugar, todo lo que alguna vez representó ya no podía percibirse, pero a similitud de la casa del herrero convaleciente y su rechoncha hija, este edificio también parecía resistirse a las losetas de mármol talladas a mano, - aún una vieja y sucia taberna podía luchar por su dignidad – pensó el joven.
Una vez dentro se admiró de que la única habitación estuviese completamente vacía, varias mesas redondas con sus respectivos bancos carecían de comensales, algunas incluso seguían puestas con el mantel inmaculado hasta cierto punto, a su derecha, Sigfried encontró la barra de servicio, una larga meseta de madera con innumerables marcas hechas por los visitantes, detrás de esta se encontraba el tabernero, un hombre de facciones delgadas, manos largas y esqueléticas, de mirada fría con ojos hundidos con el cabello a ras de las orejas, es decir, era claro que la calvicie estaba acabando con lo poco que quedaba de cabello.
El tabernero noto de inmediato al muchacho y cuando la vista de ambos se encontraron, el hombre le hizo una señal de acercamiento, el joven se accedió con cierta cautela, aún cuando nunca hubiese estado en un lugar similar, se podía respirar un aire de mala espina.
- Niño, estas perdido? – Preguntó el hombre mientras se repagaba sobre la mesa de bebidas.
- Estoy en la búsqueda de un viejo amigo de mi padre, alguien me dijo que tal vez podría encontrarlo aquí –
- Dime, vez a alguien aquí? –
- No… pero, fui informado de que frecuentaba este lugar –
- Cual es el nombre de esta persona? –
- Sir Drake –
- Alguna característica en particular? –
- Bueno… no se si haya cambiado en algo su aspecto, pero es un hombre que aparentaba entre los 30 y 40 años de edad, de unos seis pies y medio de altura, barba algo profusa, no se que más podría decirle. –
- Lo que yo si puedo decirte es que ni ese nombre, ni esa descripción me parecen familiares, si de algo puedo estar seguro es que no hay persona que pase desapercibida en este lugar, puesto que solo los mal vivientes llegan aquí, estas buscando a alguien que no existe en esta taberna y tal vez ni siquiera en esta ciudad –
El tabernero fue directo y la indiferencia en su tono de voz no dejo rincón posible en el cual las palabras de Sigfried pudieran ser tomadas en cuenta, había llegado al final de su búsqueda, la única pista se diluyo en las lagrimas internas del joven, todo en ese momento le aseguraba con hechos reales que su viaje y búsqueda habían sido en vano, se sentía desilusionado. Dándose media vuelta tomo su mochila de viaje y su camino ahora estaba fijado hacia la entrada de la ciudad, no le importaba tener que pasar los días restantes descansando bajo la gigantesca puerta en donde lo dejase el mercader viajero hacia ya más de 3 semanas.
A la salida de la taberna Sigfried tomó el escudo de armas que le entregara su madre, también a ella la había defraudado, su trabajo fue hecho en vano y la preocupación en la que la puso fue algo muy cruel, en eso un hombre que se acercaba listo para embriagarse hasta la perdición, choco con el joven y el escudo de armas cayo al suelo ensuciándose con el lodo de una charca a punto de resecar, el hombre fue mas rápido y tomo el jirón de tela bordado con hilos ya descoloridos.
- Ja! Ahora es mió mocoso! Fuera de aquí! –
Sigfried no se molesto en otra lucha sin sentido ni gloria, bajó la vista y acato la orden del hombre mal oliente quien ya estaba dentro del inmueble, dentro Sigfried comenzó a escuchar las voces de los compañeros de licores.
- Oye Samuel! Hoy he venido con mucha sed, dame lo más fuerte que tengas y no seas un maldito mal agradecido, sabes que mi dinero siempre es bien recibido en esta pocilga! –
- Ya siéntate de una buena y santa vez y cállate, todavía es temprano para que estés de tan buen humor, que es eso? –
- Ah esto? Se lo quite a un niño de ahí afuera, pensé que ya no traficabas con personas Samuel, más vale que compres mi silencio de buena gana viejo enfermo… –
El tabernero tomó el trozo de tela y dejo todo en un instante para salir disparado a la calle, en esta no encontró a nadie, algunas personas caminaban a los lados despreocupadas, el tabernero corrió hasta una esquina en donde se encontraran algunos puestos de venta diversa, en la otra dirección se encontraba el joven, caminando lentamente con la mirada baja, el tabernero tuvo una última carrera y alcanzó al muchacho, tomándolo por el hombro lo forzó a que girara violentamente.
- De donde sacaste esto?! – el hombre jadeaba apresuradamente y sin despegar la vista de Sigfried en lo que le enseñaba de inmediato el escudo de armas. –
- Es el escudo de armas de una antigua legión, nada más… - Sigfried estaba sorprendido en sus adentros, al parecer todavía restaba la buena suerte. –
- Nada más?! Niño tú padre tiene amistades muy peligrosas, la persona a la que tu buscas ha sido rechazada por la misma muerte, no son humanos, no son demonios, el mismo diablo actúa a través de sus cuerpos. – Los ojos desorbitados del tabernero no daban a entender la razón de su advertencia.
- Por qué me está diciendo todo esto?, creí que no sabía de quien estaba hablando –
- Y hablé con la verdad, puedo reconocer rostros y formas de vestir pero, cuando alguien llega envuelto en una capa y no deja ver ni su rostro ni sus atuendos, no les presto la menor atención, salvo a una en particular, esta tiene el mismo escudo que este trozo de tela grabado en la parte posterior –
- Entonces es posible que pueda encontrarlo el día de hoy? –
- No, hoy no, solo viene a la taberna una vez al año, en el décimo segundo día de las cosechas de otoño –
- Que?! Faltan más de 130 días! –
El rostro de Sigfried nuevamente reflejaba lástima, no tenía ni el tiempo ni los recursos para seguir esperando más tiempo, por si fuera poco, nada le garantizaba de que estuviesen hablando del mismo hombre, - gracias de todos modos… - dijo Sigfried después de haber apartado la mano que sujetaba su hombro derecho.
- Tú no entiendes niño, ese sujeto ha ido a la taberna todos el mismo día todos los años sin falta, a la misma hora, en la misma mesa, siempre está solo y déjame decirte que he estado trabajando en este negocio por más de 20 años, no puedo equivocarme, solamente unos cuantos ebrios sin palabra y yo conocemos al sujeto de vista –
- Quiere decir que sabe donde puedo encontrarlo? -
- Yo no puedo, pero sé de alguien que si, siempre que termina de beber, tres hombres vienen a recogerlo, estos van cambiando en cada ocasión, al menos hasta hace 3 años desde que uno de ellos fuese el mismo desde entonces, un zagal de nombre Gibs, ya no es un joven pero tampoco le consideran hombre del todo, sin duda podrás encontrarlo en la zona de de sastres y mercado de telas, pero te advierto muchacho, todos podemos intuir que aquel al que buscas ya no está bajo las leyes naturales, al menos no las conocidas… -
El hombre se separo de su escucha y le devolvió el escudo de armas, la mirada muerta del tabernero fue una totalmente diferente durante la pequeña conversación, Sigfried ya conocía el mercado de telas, ya había pasado por ahí en contadas ocasiones y estaba tan solo a un par de minutos desde donde se encontraba, sin querer perder más tiempo comenzó a buscar por un hombre de entre los 30 de nombre Gibs, las referencias fueron abrumadoras.
En una de las pequeñas tiendas de trabajo se encontraba Gibs, el maestro de armado, sus diseños resultaban los más vistosos y elaborados, el detalle y las figuras partían de lo simétrico a lo abstracto, pasando por relieves ó círculos y en general de cualquier figura geométrica y en algunos casos particulares, retratos personales, reyes, monarcas, héroes míticos y cualquier otra cosa, no había limite para sus hábiles manos.
Sigfried fue discreto, esperó a que terminase el día para poder hablar con el famoso maestro, sus preguntas fueron directas, sin más que previas presentaciones relámpago.
- Claro que conozco esa capa, yo mismo la fabrique, pero el escudo de armas que tienes en tus manos no es de mi autoría, yo solo fabrique la última copia, o eso creía hasta que vi que llevabas uno similar entre tus cosas –
- Entonces conoce a Sir Drake…? –
- Por supuesto, pero hace años que ya no utiliza ese nombre, los pocos que lo han visto lo conocen por el nombre de Damir, por ahora no podrás verle pues está fuera de la ciudad, descuida podrás hacerlo hasta después de mañana, ya no te preocupes por la paga de tu estancia, si dices conocer a Sir Drake y el te reconoce en el acto, eres más que bienvenido bajo su cuidado, de cualquier forma, no recae sobre mi el derecho de negarte el abrigo de una casa que no es mía –
Por fin las cosas parecían tomar un rumbo diferente, no solo por el hecho de que por fin hubiese encontrado al caballero, sino por el hecho de que su sueño de seguir sus pasos se hacía más cercano. Al llegar a la casa del caballero Sigfried noto que esta de igual forma se mostraba renuente a ceder ante el cambio, ahora comprendía que tal vez pese a la falsa identidad de “Damir”, Sir Drake aún conservaba el carácter influyente sobre las personas aledañas y al parecer en el caso de Gibs, la forma de expresarse y el sentido de moral se asimilaba con mayor fuerza. Una vez dentro muchos muebles y objetos de adorno estaban cubiertos por una gruesa película de polvo, la propiedad equiparaba el espacio de tres casas a lo largo y tenia el mismo numero de pisos a lo alto, convirtiéndola por si sola en un edificio imponente y ya no en una vivienda ordinaria.
- Bien, no se por que algunos piensan que soy el sirviente del señor Damir, soy solamente una especie de escudero de medio tiempo, le proveo de alimentos cuando ocupa la mansión y cuando no, actúo como velador de la misma, podrás quedarte en una de las habitaciones para huéspedes, únicamente te pido que seas paciente, podrás encontrar comida suficiente en la cocina y la bodega en el sótano debajo de esta, solo busca la rendija debajo y a un costado del comedor principal –
- Muchas gracias… -
- En absoluto, no me debes nada, imagino que deberás estar cansado, mañana podrás ir a recoger tus cosas en la estancia anterior y hacer la mudanza, nos encontraremos a esta misma hora, pero si lo deseas podrás encontrarme siempre en el mismo lugar –
Las voces dejaron de resonar con eco por las paredes, los pasos se encaminaron al segundo piso, en donde Sigfried fue conducido a su nueva habitación en la cual pudo descansar con suficiente espacio, la cama estaba puesta pero con una poca de polvo, no fue mucho problema remover las partículas con un duro jalón en el aire para luego acomodarse a la luz tenue, de una vela de mesa, Sigfried comenzó a escribir las cartas que había prometido; estaba exhausto pero no cerro el ojo hasta que la última letra estuvo plasmada, en cada una Sigfried no podía ocultar la emoción que le provocaba el haber llegado a su destino.
Al día siguiente gasto poca parte de su mañana el proceso de cambio de la hostería a la habitación en la mansión de Sir Drake, al finalizar y solo después de desayunar tranquilamente, regresaría a donde Gibs, para lograr un mejor escrutinio acerca del misterio que envolvía al caballero.
Trabajar en el mercado de telas resultó interesante para el joven aprendiz, aunque la labor de grabado sobre mantas y telones de sala no resultaba sencilla, era agotador tanto física como mentalmente, difícilmente se podía seguir un patrón previamente determinado pues las imágenes que se trabajaban generalmente pertenecían a objetos en una dimensión real y no en una dimensión simple como algún garabato en hoja de papel, de manera que Sigfried desistió a la primera hora de intentar seguir trazos lineales para hacer el marco dorado y dentro del cual Gibs fabricaría su siguiente obra.
Aún así el maestro de grabado pudo encontrar para el joven una labor acorde a lo inexperta de sus manos y aprovechando lo organizado de su carácter le confió a su nuevo ayudante la tarea de acomodar carretes de tela que eran enviados a la tienda durante el transcurso del día, algunos pequeños que no tenían más de treinta centímetros y otros más grandes casi tanto como el metro ochenta y que le resultaron pesados a Sigfried, pero cuidaba perfectamente en todo momento de no demostrar molestia o cansancio por cumplir con la tarea.
Cuando el momento de descansar llegó, Gibs ya tenía preparado un menú sencillo, un poco de cordero asado y verduras en abundancia acompañado de una muy joven botella de vino, después de todo Gibs no quería embriagar a su primer y único empleado responsable.
- Cansado Sig…? Jejeje –
- No se preocupe, antes de llegar a esta ciudad yo ya estaba acostumbrado al trabajo pesado, viaje algún tiempo con mi padre a través de las montañas y mi madre casi siempre tenía alguna labor que hacer para mi –
- Ya veo (sonrió) no se por que razón siento que has dejado algo que querías mucho –
- Así es, algo similar dijo mi padre antes de partir –
- Qué opinó tu familia respecto a este viaje y a tu idea de convertirte caballero? –
- Dudo mucho que hayan logrado comprender lo que me motivo realmente para hacerlo, pero definitivamente recibí apoyo y comprensión de ambos, de hecho, mi padre fue el que lo otorgó sobremanera. –
- Ni preguntar entonces de aquello que te motivara mi joven amigo, apuesto mi mejor trabajo a que yo tampoco podré hacerlo (Sigfried rió) –
- Qué podrías decirme de Sir Drake…? –
- No te voy a mentir, es muy probable que no sepa más que tú, el señor Drake es muy reservado, es de esas personas a las que únicamente debes de mirar a los ojos para saber cuando dirigirles la palabra, difícilmente buscará platica en una mesa concurrida o será el centro de atención, a casi cuatro años de conocerlo, Sir Drake nunca ha demostrado la mínima intención de sincerarse con un servidor –
- Nunca? –
- Nunca, salvo por… bueno, cada día doce de nuestra señora de otoño, durante la época de cosechas que preceden al invierno, Sir Drake siempre regresa al pueblo para realizar una especie de ritual personal –
- Tiene algo que ver con la taberna “los mejores días” ? –
- Eh…? Es verdad, como sabías? –
- Fue ahí de donde saque pistas de usted –
- Ahora entiendo, pues bien, es en ese preciso día y en ningún otro y ni por segunda ocasión, que Sir Drake llega desde muy temprano a esa taberna para caer rendido ante el alcohol – (Sigfried meditaba seriamente lo que Gibs comentaba)
- Algo es sorprendente, aún en aquel estado logra mantener su dignidad al no cometer nada que otorgue vergüenza al instante, únicamente se deja vencer por el sueño y con tal de que la resaca y la deshidratación sean menos difíciles de soportar a la mañana siguiente, es por lo cual me valgo de otros dos buenos amigos y yo para llevar al pobre hombre a sus aposentos, supongo que por ello ya reconocen mi rostro –
- Y esto ha ocurrido desde hace años? –
- No puedo asegurarte nada de los años en que no conocí a Sir Drake, pero el tabernero afirma que cada vez que el caballero regresa para beber, ese mismo día recuerda sus primeros años de trabajar en la taberna justo cuando tenía los once años de edad –
- Tiene alguna idea del por que lo haga…?
- Como te dije, no se más que tú, pero ahora que lo mencionas, en una de las noches en las que salía de su habitación para dejarlo descansar de tanta bebida, Sir Drake mencionó dos nombres antes de caer dormido profundamente, Mina y Fío… -
Ya en casa, Sigfried exploraba la mansión con suma confianza, no buscaba objetos de valor o que captarán su atención, buscaba por algo que su mente pudiese ligar con el pasado del caballero, buscaba pues el mejor lugar para encontrar ese tipo de objetos, el cuarto de Sir Drake.
Fue cuando por fin llego al final del pasillo en la segunda planta, la entrada era de doble puerta con manija de plata y con relieves sobre las orillas y al centro de ambas el escudo de armas que dibujaba surcos alrededor de este, no podía ser otra, ésta era la habitación de Drake, con paso firme giro una de las manijas y que al igual que las que habían en toda la casa, no tenia seguro. El joven imaginó algo totalmente distinto a lo que encontró del otro lado de las puertas, el cuarto constaba tan solo de un ventanal al fondo de éste, una mesa para escribir, una cómoda cerca de la cama y enfrente de esta última un armario que descansaba empolvado, - vaya – dijo Sigfried, nada fuera de lo ordinario, se acercó al armario y abrió la portezuela, detrás de esta se topó con un anaquel de cuatro pisos casi vació, escudriño el mueble en su exterior buscando por algún compartimiento escondido o alguna muesca que se le hubiera escapado, todo sin éxito.
Sigfried regresó la vista al interior del armario, sobre uno de los pisos del anaquel se encontraba un objeto bastante extraño, al tomarlo, Sigfried analizo de cerca y descubrió que formaba parte de otro más grande y mas elaborado, pero que no pudo encontrar por ninguna parte, la pieza constaba de un cilindro con múltiples molduras que formaban una especie de escalerilla y que lo circundaban, de igual forma éste se sujetaba por los extremos con placas de acero y junto al cilindro y precisamente sobre las molduras rozaba una camilla de acero que estaba dividida por hendiduras en varias partes para formar una especie de racimo de lengüetas, una cerca de otra, contó también tres pequeños engranes y todo estaba unido a una placa de acero por tornillos apenas perceptibles, debajo de la base se hallaba una cigüeña a la que instintivamente Sigfried dio un movimiento rotatorio hasta que escuchó que un pequeño seguro se trababa.
El cilindro comenzó a rotar sobre sus ejes, las molduras chocaban con las lengüetas y éstas al ser liberadas de la presión resonaban en diferentes tonos, el conjunto de sonidos producidos creaba una melodía de la que Sigfried no tenía conocimiento previo, la melodía era de ritmo lento y reiniciaba cada tres minutos, el joven quedó inmerso en la hermosa música que el artefacto producía y no logró darse cuenta de que estaba siendo observado en el momento, detrás de sí, se encontraba Sir Drake.
- Esa melodía es única en el mundo, solía ser una canción de cuna… -
Sigfried giro rápidamente sobre si, solo después de que inútilmente regresara el objeto musical al interior del armario y cerrara de la misma manera la puerta del mueble, detrás de la puerta aún se podía escuchar la música que se reiniciaba una y otra vez.
- No te asustes, no estoy enojado, es solo que me sorprende encontrar a alguien en mi habitación, te conozco verdad? Tu rostro me resulta familiar –
- Mi nombre es Sigfried, soy hijo de Arthur de Plío –
- Sigfried… eres tú? Que haces aquí? –
- He venido por que quiero ser aprendiz de caballero, quiero ser su aprendiz –
- Tu padre, Arthur sabe que estas aquí? –
- Así es, el supo de mi decisión la misma noche en la que partió del pueblo y en tres días debo de enviar noticias mías para indicar que por fin pude dar con usted –
- Eso me parece muy bien, pero como sabes que aceptare tu propuesta? –
- Por qué al igual que en usted y que en mi padre, el deseo de búsqueda ha surgido en mí –
- Tu padre te enseño esa frase? –
- Las palabras que digo son propias de mí razón –
- Entonces no se diga más, hoy cenaras conmigo y me pondrás al tanto de lo que te ha acontecido durante los últimos días, al tercer día de hoy te acompañare para encomendar las cartas e incluiré otra con mi autorización para dar inicio a tu instrucción de caballero, pero te advierto que no tienes ni la menor idea de lo que te encontraras en el proceso –
Durante la cena, Sigfried mantuvo al tanto al caballero de su llegada a casi un mes de aquel día, incluyó algunos pasajes sobre sus años con la familia antes de partir, por alguna extraña razón el joven hacía mucha alusión a su hermana, Milena, la forma en que describía sus juegos y su forma de preguntar por todo aquello que llamara su atención solo servía para que Drake pudiera darse cuenta de que Sigfried estimaba mucho a su pequeña hermana, - Milena, tiene el ímpetu de tu padre – dijo Drake para que luego el muchacho continuara su relato, mencionó también a Gibs y el viejo herrero junto con su hija, pero cuido de no sacar a conversación la taberna y todo aquello a lo que era relativo.
Como prometió, Drake acompaño al joven aprendiz a enviar las cuatro cartas, incluida la suya y otros regalos en especie por compensación al apoyo que los padres aportaron para la manutención del joven durante los días en los que buscaba por el caballero.
Drake fue conciso, sugiriéndole a su nuevo alumno no acostumbrarse mucho a la comodidad de la mansión, pues el mismo día del deposito de cartas, ambos darían inicio a un viaje a una isla al sur de Pyrago, uno de los países rivales de Crissova, el viaje sería de por lo menos diez días, tiempo que aprovechó Drake para iniciar al joven Sigfried en la historia de la legión de caballeros que llevó alguna vez el nombre de “Devoción”.
Clandestinamente se hicieron pruebas rigurosas, exámenes físicos y mentales a lo largo de los tres continentes para encontrar a aquellos que tuvieran un carácter tentativo, de esa búsqueda fueron seleccionados seis mujeres y cinco hombres, formándose así el grupo de los trece el día vigésimo primero del año XV con el nombre de “Devoción”, nombre que representaba nuestro juramente a los reyes de Crissova y a la familia real, ese voto cambio hace mucho desde luego, el último miembro de la familia Ingram falleció de leucemia.
Estos son los nombres de los integrantes: Folken, “el martillo de acero” después del capitán, él era mayor de entre todos con 27 años de edad, con sus casi 1.93m de estatura, la figura de Folken era intimidante con o sin su armadura, granjero de nacimiento pero guerrero de corazón, Folken siempre fue el primero en ir a la cabeza de las misiones, nunca hubo nada que le provocara miedo, nunca demostró debilidad y que yo recuerde, creo que no pescó un resfriado siquiera.
Dirge, este tipo resultó ser alguien muy orgulloso, difícilmente aceptaba la ayuda de alguno de nosotros, en cambio su lealtad era desmedida y aunque demostraba ser alguien cerrado siempre anteponía la seguridad del grupo en cualquier tarea, fuera de eso, intentar familiarizar con Dirge resultaba casi tan difícil como platicar con las rocas, tenía 24 años cuando fue reclutado.
Dafne, “la rosa” era una mujer hermosa de 23 años, de figura y de aroma y como toda rosa, esta tenía sus espinas, mujer independiente con una cosmovisión de la vida compleja y que le daba una madurez al momento de encontrarse en situaciones cruciales como las batallas en las que se jugaba la vida o la de alguien más, en algún momento Dafne y Folken formaron pareja, una muy disfuncional si me preguntas, pero en sus momentos se daban a entender muy bien uno con el otro.
Mizano, de 26 años de edad, su estilo con la espada era peculiar, como si no estuviera blandiendo el arma mas bien parecía como si estuviese bailando con el oponente, Mizano hacía de sus alrededores su escenario en donde el era el actor principal, como todo actor, Mizano se regodeaba casi siempre de su fama adquirida, un medio del que se valía muy bien para practicar su segundo pasatiempo, las doncellas de clase alta, por las cuales siempre terminaba casado y divorciado en el mismo mes en que las conocía y que siempre terminaban persiguiéndolo de pueblo en pueblo, Mizano era alguien que no le caía muy en gracia a Zuria.
Zuria, la mayor de las mujeres gracias a sus 26 años, si fuera poco su madurez le permitía tomar decisiones de igual peso que el capitán, Zuria era además nuestra relatora personal, guardó registro de todas y cada una de nuestras encomiendas con tinta, puño y sello real y de las cuales solamente existe una copia general y se encuentra justamente en la isla a la que llegaremos en unos cuantos días mas, oh es verdad, no te guíes de lo que digo, Zuria era una temible oponente con el arco.
Después seguía Dicto, “la fortaleza” en numerosas ocasiones fue él quien nos diera aliciente con sus palabras en los momentos difíciles, Dicto quiso alguna vez estudiar para sacerdote, pero desde el día en que molió a golpes a uno de los habitantes del pueblo, por que este golpeaba a su esposa, descubrió que dios nos guarda tareas diferentes para cada uno pero con una meta en común, abandonó su formación a la edad de 25 años y era el único que no usaba armas, tan solo se valía de su bordón tallado a mano y cotas de cuero reforzadas con placas de acero.
Si todos teníamos algo en común era la persecución de la aventura, pero uno de nosotros nos rebasaba por mucho, Khariel, a sus 24 años se consideraba así misma como una amazona o valkiria y lo que tenía de feminidad lo tenia de rudeza, una muy extraña combinación si me permites decir, pero por alguna razón Khariel resultaba el prospecto ideal de Mizano para encontrar en ella su mujer ideal.
Si el buen Dicto resultaba ser nuestra fuente de fe, no me cabe duda al mencionar a Erica como nuestra fuente inagotable de diversión y entretenimiento, era considerada por todos nosotros como nuestra hermana menor pues recién había alcanzado la veintena de años cuando fue reclutada, su especialidad eran las dagas largas, muchas veces se metía en problemas, suerte para ella que Folken se encontraba cerca para darle una mano, que por lo dicho anteriormente, resultaba mas que suficiente, ahora que lo pienso, quizás debido a eso aquello que nació entre ellos no tomo más tiempo del necesario.
Arthur, tú padre, a pesar de su corta edad con 24 años y la cual era la misma que la mía, resultó ser junto con Zuria, una gran ayuda para el capitán, “el estratega” de no haber sido por él, muchas de nuestras peleas hubiesen terminado en masacre o por lo menos con múltiples bajas, gracias a Arthur, cientos de vidas de nuestros hombres fueron salvadas en varias invasiones y resguardos en cuarteles como última defensa, jeje y cuando no estaba estudiando practicaba conmigo en nuestros entrenamientos, sabes? Creo que en un principio sentía envidia de tu padre.
No éramos invencibles, ya sea por arrogancia, orgullo o presunción difícilmente podíamos librar cortes, rasguños, caídas, contusiones y demás luxaciones; nuestra buena fortuna en recuperación se simplificaba en una persona, Misa “la curandera” reconocimos de inmediato sus grandes dotes como curandera y conocimientos médicos y que resultaron ser más avanzados que los métodos de los que nuestro reino y cualquier otro disponía para aquel entonces, Misa no usaba armas, ella curaba con su fuerza interna; magia? Desde luego, la magia resultó ser una base fundamental para comprender todo lo que vivimos años después. Y bueno, antes de terminar con el capitán estaba yo, diré de cuanto de mi lo suficiente cuando el tiempo sea propicio, nunca fui bueno exponiéndome a mi mismo.
El capitán, que puedo decirte Sigfried, con 44 años de edad y sus 1.78 de estatura lograba vencer a Folken y Mizano al mismo tiempo, era tan sabio como Zuria y tu padre juntos y tenia la fortaleza y la tranquilidad de Dicto y Dirge, igual de impresionante era el hecho de que era tan jovial como Erica, nosotros no preguntamos mucho acerca de los estatutos en los que se basaron para formar a la legión, pero llegamos a una posible conclusión, tomaron al capitán como modelo, su nombre era Drago.
Hay tantas historias por contarte, es imposible nombrar una sola sin tener que recapitular con otras anteriores, todas y cada una estaban ligadas entre sí de un modo u otro, nuevamente y gracias a Zuria, parte de tu entrenamiento consistirá en leer esos pasajes.>
A más de la mitad del camino Sigfried absorbía experiencia tras otra y su mente no dejaba de maravillarse con cada escena y el corazón anhelaba más y más la idea de seguir los mismos pasos, Drake fue testigo de ese entusiasmo y gracias al esfuerzo de ambos el viaje de diez días se redujo a siete, por fin llegaron al lago de Varitó y que yacía junto a un modesto pueblo, el nombre del pueblo no era oficial por lo que no estaba registrado en ningún mapa conocido para que el reino Pyrago tomara los impuestos, ese lugar fungía con la misma función que el hogar del joven en las montañas, solamente era una posada en el camino, - Bienvenido a la guarida del lobo, no te alarmes, es solo el nombre – dijo Drake en lo que asomaba por las pocas calles y entre la gente que deambulaba por el lugar entre neblina y nubarrones de lluvia, ambos llegaron en la época húmeda del lugar, sin estar mas tiempo fuera Drake reconoció uno de los rótulos sobre la entrada de una casona y entraron para buscar resguardo.
Dentro, Drake escogió una habitación temporal y después de mudar de ropa se acurrucaron junto a un fuego viejo y sosteniendo tazones de sopa caliente.
- Bien, fue un viaje entretenido no lo crees? –
- Eh… si… -
- Mañana temprano buscaremos un bote para cruzar el lago, cruzaríamos esta noche si se pudiera, pero esta gente no tiene mucho interés de entrar al lago en días como este –
- Por qué…? –
- Bueno, tienen miedo de caer dentro de las fauces del guardián del lago, dicen que es en días como este que el guardián acecha para devorar a los pescadores. –
- Eso es increíble! – (algunos lugareños voltearon a verlos sin que el joven notara el peso de sus miradas ni el murmullo que se quejaba del alboroto)
- Jeje, tranquilo, tú mismo descubrirás en uno de los libros de la biblioteca que no existe tal bestia, veras, la forma del lago es igual a estos tazones que estamos sosteniendo, pero con variaciones en el suelo producidos por la roca sólida y la tierra blanda del lago y que juntos crean una espiral natural que inicia desde sus orillas, terminando justo en el fondo, el lago también alimenta por lo menos a 20 ríos subterráneos que mantienen una corriente constante y cumplen como una especie de drenadores, casualmente todos se encuentran alineados alrededor del lago siguiendo el camino de espiral y, es en días como este que la lluvia aumenta el nivel del agua y el lago comienza a formar corrientes sobre la superficie creando un remolino, la corriente no es fuerte si tienes la energía suficiente, de lo contrario terminarías en el fondo y te estrellarías contra las rocas que ahí se encuentran,. –
- Como descubrieron esto? –
- Tuvimos que, aunque el trabajo pesado le tocó a Folken jeje –
- Y no le advirtieron a la gente…? –
- Hmm a veces la superstición es un buen mensaje de advertencia para hacer de alguien una persona prudente, ahora que tu padre pensó que de igual forma sería bueno dejar el mito para atraer turistas jeje –
- El lago es muy grande? –
- Tan grande que su extensión completa podría cubrir a la mitad de Quirargra, de este lago se alimentan varios riachuelos y es un excelente filtro natural, sus aguas provienen de montañas que están a kilómetros de aquí y es lo suficientemente potable -
- Y como es la isla? –
- Lo sabrás mañana, francamente hace años que no piso suelo en ese lugar, por cierto, te puedo llamar Sig? resulta mas fácil –

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