viernes 9 de mayo de 2008

continuación capitulo III

Año cuadragésimo de nuestro señor de Bramen. Hoy se cumplen doscientos sesenta y tres días a orillas del continente de Éscarta.

Nos instalamos cerca del mar de plata, al día de hoy las provisiones escasean en razones de un tazón por cuatro soldados. Contamos con poco más de mil hombres en el campamento y el hambre ya ha invadido nuestras mentes, no los culpo. No hemos podido conseguir muy buena pesca; la sangre derramada ha llegado a la orilla contaminando el agua y atrayendo a criaturas más peligrosas, de modo que no podemos adentrarnos mucho en las aguas profundas del mar, aunque eso no quita que en la desesperación hayamos perdido por lo menos una veintena de hombres devorados por las serpientes de mar.

Estamos rodeados, por un lado el espíritu indómito de la naturaleza y de sus hambrientos hijos, y por el otro tenemos al ejército del reino de Flig, el segundo más grande después del nuestro. Eso si no consideramos que el ejército real fue formado bajo los estandartes de cuatro naciones vecinas, de otro modo nunca hubiésemos logrado invadir con la fuerza de choque suficiente. Desafortunadamente, estamos varados en este continente sin poder avanzar más haya de las colinas que sirven de frontera con Flig, sus fuerzas nos han mantenido cerca de la orilla gracias al alcance de sus arqueros, aún así hemos conseguido filtrar nuestras espadas a través de algunos flancos flojos, pero no ha sido suficiente. Y según mi criterio, considero que no sería prudente mover a mis fuerzas hasta no recibir un pronto reabastecimiento y la llegada de más hombres.

Desearía no haber traído a Drake conmigo. Mi inexperiencia me condujo a tomar una decisión apresurada y a no poder espulgar sus ímpetus de entre mis razones lógicas, mi juicio quedó cegado por el deseo de la compañía que yace entre un padre y su hijo y ahora mi temor es alimentado por la desesperación que veo reflejada en sus ojos, sin embargo trato de darle aliento durante los pocos momentos de tranquilidad, pero no sé si ello sirva de mucho.

Por lo menos me alegra que Mina y Fío se encuentren a salvo en la granja, sé que ambos se harán mutua compañía y que la nana y su viejo esposo serán suficiente vigilancia para esos dos demonios traviesos.

- Día doscientos ochenta y uno –

Dos navíos; únicamente dos navíos fueron enviados por su majestad, la comida no ha sido suficiente y el refuerzo fue limitado a unos cuantos cientos de lanzas y espadas y a un par de millares de flechas. Fuera de eso, estamos peor que como al principio, por lo que he enviado a una cuadrilla de mis hombres más sanos de regreso a Crissova, usando la nave más rápida que nos fue encomendada. Considero que deberán traernos noticias en dos semanas cuando mucho.

- Día doscientos noventa y cuatro –

Es posible que esta sea la última anotación de la campaña. Me he enterado de un golpe de estado que fue propiciado por los reinos de Pyrago y Vanell; y se supone que debo informarle a mis hombres al respecto, pero hacerlo sería cometer suicidio, ellos han confiado en mí y decirles eso sería el detonante perfecto para dejar escapar las fricciones que ya existen entre nosotros. Y aún estoy débil por haber protegido a Drake de aquella brutal golpiza, en la que incluso yo mismo fui desconocido como capitán.

He ordenado un ataque sorpresa esta noche, flanquearemos las murallas y realizaremos una operación de secuestro. He tenido que recurrir a ello para salvaguardar la seguridad de mis hombres y para poder garantizarnos un pasaje seguro a casa, con la promesa de un cese al fuego, de lo que ocurra al llegar al puerto de Crissova, yo no me haré responsable.

El objetivo es raptar a la princesa Milena, hija del rey de Flig. Yo iré en la patrulla de captura y Drake vendrá conmigo, este no será un ataque ruidoso, nos valdremos de la oscuridad de la noche para poder cumplir con el objetivo.

- Día doscientos noventa y seis –

Estamos de camino a casa, la misión fue un éxito y nos he garantizado un viaje seguro a Crissova, entre las condiciones que pude conseguir, obtuvimos un reabastecimiento por parte del rey Resso, por otro lado la princesa tuvo que ser transportada en una nave de Flig como parte del acuerdo, ésta es tripulada por Drake, a quien he dejado a cargo de la seguridad de la princesa, al llegar a nuestros mares, Drake cederá el timón a la escolta real de Milena y ellos se embarcarán de regreso a su reino.

Viajamos sin prisas, para apaciguar la moral y la rabia reprimida contra nuestras propias naciones. Comemos con desdén y descansamos como lo merecemos. Ciertamente esta no ha sido una victoria, pero tampoco la considero una derrota. Durante el resto del viaje comenzaré a preparar mi mente y mi cuerpo para el castigo, contando mis faltas y ofensas contra su majestad, lo peor que pueden hacerme es destituirme como capitán y recibir los 500 azotes obligatorios a plena luz del día en la plaza pública, que importa, podré regresar a mi granja…

- Capitán Drago –