miércoles 18 de junio de 2008

continuación capitulo III

Los empalmes de las cadenas que sujetaban las muñecas estaban obstruidos por la presión de los clavos. Las muñecas detrás de la espalda transformaban en una menudencia el esfuerzo que el prisionero realizaba para liberarse, al tanto que seis guardas fuertemente armados contenían al hombre, ahora convertido en animal.

A las afueras de la mansión, las llamas se esparcían a lo lejos con el aire y como una lluvia incandescente el fuego sellaba la noche con ardientes chispas y una humareda que tapaba incluso a las estrellas. El fuego devoraba el edificio poco a poco, los soportes de madera debilitados cedían ante el peso y uno tras otro iban cayendo pedazos de la morada sobre los ardientes suelos, mientras que las detonaciones del fuego aminoraban cualquier otro sonido que no fuera el crepitar de la madera, incluso si una decena de hombres hubieran gritado esa noche, la mujer y su hijo no habrían logrado escucharlos.

Milena!

La mujer tomó al bebe en brazos y envolviéndolo en una manta húmeda pudo salir del infierno de aquella habitación, solo para entrar a otro que le otorgaba escasos segundos para tomar de nuevo una decisión de vida o muerte. El fuego no mostraba salidas y las opciones se consumían rápidamente. Los pasillos tantas veces recorridos en tiempos de tranquilidad parecían tan desconocidos en momentos como este y en la mente de la madre lo único que lograba permanecer latente era la desesperación de salvar la vida de su único hijo.

Milena!

El hombre no podía entrar para salvar a su familia. Se necesitaron de varios pares de brazos para contenerlo ya que mientras más ardiera el fuego, más fuertes serían sus intentos para salvarlos, mas todo resultaba inútil. Todo esfuerzo era vano en comparación a la calma desmedida con la que los guardias sujetaban a su apresado y sólo el morbo del capitán que los dirigía superaba por mucho el cansancio acumulado en hombros y antebrazos de sus elementos quienes no iban a permitir que su presa se desmayara, aquellos disfrutaban al verle sufrir y derramar las lágrimas de desesperación como pobre respuesta ante los gritos de su esposa y el llanto de su primogénito. Era una ejecución para los inocentes de adentro y la peor de las torturas para el esclavo de afuera.

Milena!

Adentro, Milena no podía escuchar el llamado de su marido, aún cuando este le llamara con la vehemencia que desbordaba con espuma y sangre por la boca. Ella necesitaba de él, necesitaba de su protección y no estaba ahí para salvarles de morir calcinados; pronto la mujer se vio acorralada a pesar de que la casa era grande y no tuvo más opción que aparragarse a una esquina cercana, con el hijo en brazos se resignó a aceptar el final, no sin antes librar a la pequeña criatura de sentir las llamas extinguir su pequeño y frágil cuerpo, la madre envolvió el rostro de su hijo y mantuvo presión por unos minutos hasta que el pequeño pecho dejó de latir y hasta que el llanto cesara por fin debajo de la tela ahora reseca. Mantuvo al niño cerca de su pecho, sin soltarlo, poco a poco el fuego fue envolviéndolos a ambos acercándose con el dolor de mil infiernos. La madre gritó por última vez a pesar de la cara enrojecida y las llagas reventadas cerca de las comisuras de los labios.

Drakeee!

El caballero despertó sudando. Sin importar que la noche anterior una lluvia refrescara el ambiente, la mañana era de lo más calurosa, tan calurosa como las llamas de aquella noche con la que había soñado nuevamente. El caballero comenzó a llorar desesperadamente, sin poder encontrar alivio a su pesar golpeaba la pared de junto incansablemente hasta que el dolor pudiera por lo menos distraerlo unos instantes de la pesadilla que se había vuelto realidad años atrás y de la que nunca podría despertar.

Milena… hijo mío…

Drake dormitó hasta pasada la mañana. El sueño de aquella noche le había estropeado el apetito y del anhelo de aprovechar las horas del día. Casi poco o nada le levantaría de su letargo hasta que escuchó un sonido que ansiaba desde hacía poco más de tres meses, el sonido de pesados contrapesos que liberaban seguros oxidados. El eco de los cerrojos retumbó por toda la plaza y logró escabullirse hasta la habitación de Sir Drake. Sigfried lo había conseguido, los cerrojos estaban abiertos y tras de ellos las puertas anunciaban el crecimiento en razón de la mente del joven aprendiz.

Sigfried estaba ligeramente cegado por la luz del día. Tanto tiempo en cautiverio imposibilitó el uso adecuado de la vista. El aspecto físico del muchacho estaba acrecentado ligeramente; no fueron del todo desperdiciadas las noches enteras que pasó acomodando pesados libros, anaquel tras anaquel.

Sigfried se acercó al origen del sonido, al escuchar los cascos de metal en las botas de Sir Drake. Al estar de frente, el maestro pudo notar en su alumno un brillo distinto al que tuvo al momento de entrar a la primera torre. Sigfried había logrado comprender la lección que le otorgó la libertad.

Bien Sig. Donde encontraste la llave? –

En el cerrojo se encontraban tres símbolos, al trancar las puertas los símbolos tomaron el orden de Libertad, potencialidad y honor de izquierda a derecha respectivamente. Para poder salir, solo tuve que invertir el lugar de la libertad con el del honor y los seguros fueron liberados –

Y cómo llegaste a esa conclusión? –

La libertad generalizada en un sentido impreciso tiene potencialidad de desembocar en un honor individualizado. Pero solo el honor de cada individuo, puede progresar a la libertad generalizada –

Así es. Es más difícil conseguir la libertad a partir del honor, pero no es imposible. Y cómo supiste el significado de cada símbolo? –

No lo supe. Simplemente me fije en las marcas de los libros que tuve que leer para comprender todo esto, lo demás, fue gracias a las palabras grabadas de la maestra Zuria –

Es curioso que le llames de ese modo, pero estoy seguro de que le hubiera encantado tenerte de alumno. Y dime, lograste encontrar la respuesta a la pregunta que te hice al principio de tu cautiverio? –

El peso de la espada…? no maestro. No pude encontrar respuesta para su pregunta, pero algo me dice que la encontrare en las siguientes torres –

Es posible, sin embargo no vas a entrar a las siguientes torres por un tiempo. Por ahora aprenderás a usar la espada y vamos a empezar a medir tus reflejos, debes estar algo entumido después de tanto tiempo –

El almuerzo duró poco. Sigfried no estaba seguro si debía sentirse ansioso bajo la noción de sostener un arma entre las manos, qué pensaría su padre? Estaría orgulloso? O se dejaría llevar por la constante preocupación de su madre, quien creía que la violencia era algo que el hombre había inventado pues no cabía dentro de la sapiencia de la naturaleza. De cualquier modo, el nerviosismo y la espera por fin colindaban en el mismo punto, por fin Sigfried pondría a prueba de lo que era capaz, más haya de el trabajo de campo, más haya de una vida de tranquilidad y de juegos infantiles, de cualquier modo a Sigfried siempre le atrajo la adrenalina de la aventura, pese que para ello tuviera que hacerlo a solas, dado que no era costumbre de sus compañeros arriesgarse desde tan temprana edad para tan poca retribución. Que importaba ahora, Sigfried estaba empezando su vida, la vida que había elegido hace cinco largos años. – Falta poco… - .

Perdón maestro, dijo algo? –

Eh…? No Sig. No dije nada, acaso escuchaste algo? –

N…no, creo que sólo fue mi imaginación –

Bien, ahora que hemos comido y descansado, realizaremos un pequeño ejercicio para medir tus capacidades, de ahí, el trabajo duro tendrá una dirección y un objetivo claro. Espérame aquí por favor –

El maestro abandonó a Sigfried por unos instantes para regresar al viejo templo y una vez ahí localizar el cuarto de armas. Sigfried se quedó a orillas del lago, en el pequeño y carcomido muelle de la isla, el agua estaba tranquila, tanto que las olas apenas podían percibirse y la usual neblina que envolvía a la isla parecía haberse tomado de igual modo un descanso esa tarde, el pueblo a lo lejos se encontraba despierto a plena hora de sus actividades. Si Sigfried se esforzaba un poco, estaba seguro de que podía escuchar el murmullo de la gente que ahí habitaba, aún cuando no pudiera entender lo que decían a lo lejos. – Falta poco… -

Sigfried volteó de inmediato pero no encontró a nadie ahí, salvo la maleza y el pasto sobrecrecido de la orilla. El ligero cúmulo de árboles estaba tranquilo y por sus ramas el viento susurraba pausadamente, pero fuera de eso el silencio era casi perfecto. Sigfried se puso de pie con cuidado, el peso de sus piernas rechinó con la humedad y los amarres viejos, cuando estos cesaron Sigfried se mantuvo atento a cualquier otro sonido cercano.

Nada, no había nada cerca. No pasó mucho para que Drake regresara con las herramientas de entrenamiento. Dos armas largas de madera y dos pequeñas dagas hechas con el mismo material.

Todo bien Sig.? Te veo algo agitado –

No se preocupe maestro, me puse de pie cuando escuche su llegada –

Bien, permanezcamos en este lugar, el ambiente está fresco, eso nos ayudará a entrenar por más tiempo sin fatigarnos tanto, déjame explicarte lo que he traído –

“Estas dos, las espadas largas, son espadas que pueden usarse tanto con una como con ambas manos, son las preferidas en su mayoría por los caballeros, pero no son tan fáciles de usar y representan un peligro incluso para quien las porte, pues el filo del arma rodea sus dos direcciones, aunque también de eso depende la principal característica de estas espadas, la libertad de no tener un camino a seguir, no hay necesidad de empuñarla en sola una dirección, es la misma espada quien dirige la fuerza del caballero. Ahora bien, estas dos pequeñas, se llaman “Preo” como puedes ver sus dimensiones son tan cortas que ni siquiera alcanzan los quince centímetros, estás sólo las vas a encontrar talladas en madera y no son muy conocidas, más que nada las utilizábamos para acostumbrarnos asir una espada y para entrenar las muñecas y las manos y posteriormente aplicar la experiencia obtenida con las espadas reales”

Primero usaremos las espadas largas. Iremos despacio, sostenla con cuidado y siéntete seguro de ella, olvida por un segundo que es de madera, concéntrate en imaginar que se trata de una real y pronto notarás como el peso del arma cambia y tu propio brazo irá ajustando la fuerza necesaria para sostenerla. En cuanto a la postura de inicio, quiero que improvises; por ahora no nos centraremos en ese aspecto, pero cuida de tener un buen equilibrio y de no estar incomodo, que sea una postura que te permita mover las rodillas y los pies en todas direcciones, de igual modo mantén la cintura relajada y la vista al frente, con esos puntos básicos deberás encontrar tu zona de guardia. Ahora bien, Iniciaré atacándote con un solo movimiento, la velocidad será lenta te lo aviso, pero después de ese ataque vendrán dos más y la velocidad habrá aumentado, posteriormente a esos dos vendrán otros cuatro con mayor rapidez y así iremos sucesivamente hasta que yo lo considere necesario, hasta que tú te canses o bien, si algo más determina el final del encuentro. Estás listo? –

Listo maestro –

De acuerdo, aquí vamos Sig –

Drake inició el ataque como había predicho, lento y suave con ataque frontal directo a la cara, simple pero elegante y con la fuerza necesaria para que Sigfried tuviese que valerse de las dos manos para soportar el peso. Sigfried demostró un reflejo natural, giró la hoja de la espada para poder sostenerla. El caballero se retiró con un paso detrás sin bajar la espada proyectada contra la de Sigfried, con la postura firme, bajó su espada hasta detrás de su rodilla derecha y dando una media vuelta realizó un ataque lateral que Sigfried apenas alcazo a rechazar, la conmoción del ataque le distrajo y el joven había olvidado que en dicha ocasión serían dos los ataques, por lo que no le alcanzo el tiempo para bloquear el segundo, Drake no detuvo el impulso de la media vuelta y antes de que perdiera la inercia conectó un golpe al otro costado de su alumno para luego retirarse a una distancia de al menos dos cuerpos. Sigfried estaba frustrado de haber recibido ese golpe, pero antes de que ese sentimiento le invadiera y se mezclara con el miedo y el ardor en sus costillas, recobró la postura y los siguientes cuatro ataques fueron bloqueados, apenas con la destreza suficiente.

El entrenamiento hasta completar la primera hora de combate. Sigfried ya no lograba contar el número de golpes y su cuerpo difícilmente soportaría más golpes de la espada de su maestro. Para esos momentos, los ataques de Sir Drake eran tan veloces que Sigfried se limitaba a cerrar los ojos en contadas ocasiones como reflejo cuando se percataba de que el impacto era inevitable. Fueron más los golpes que encontraron los brazos, el abdomen, los costados e incluso las piernas de Sigfried, que los que alcanzo a desviar por escasos centímetros. Hasta que Sir Drake se detuvo, al notar el cese, Sigfried pudo dejarse caer sobre los tablones del muelle, con el pecho agitado y el sudor escurriendo por galones.

Bien Sig. Esto ha sido un gran avance, te felicito, tienes potencial –

Sigfried se limitó a usar la boca para jalar grandes bocanadas de aire, en una de ellas sonrió ligeramente para agradecer el comentario de su maestro, aún cuando sabía que su maestro estaba siendo condescendiente después de haber ofrecido una pelea tan patética. Sigfried pudo incorporarse poco después de un rato y Drake le acompaño a su lado para enjuagarse el rostro y las manos y para remojar los pies en el agua fresca del lago.

Te encuentras bien Sig? –

No se preocupe maestro, estoy cansado, es todo –

Te di una paliza verdad? Ja ja ja –

Ja ja, si maestro, espero por lo menos algún día ser la mitad de bueno de lo que es usted. –

No te preocupes, me superarás ya lo verás, pero llevará tiempo y esfuerzo –

Me pregunto si a mi padre le costo tanto trabajo como de seguro me tocará a mi –

Míralo de este modo, mientras más entrenes, más hábil serás. Lo que me recuerda, alguna vez Arthur te enseño a empuñar la espada? –

Hmm no maestro, mi padre terminó regalando la espada al herrero del pueblo antes de que mi madre le permitiera enseñarme –

Ja ja, esa madre tuya, Arthur y tú son muy afortunados lo sabías? –

Je je, supongo que tiene razón maestro –

Te lo preguntaba por que tu postura y algunos de tus movimientos me recordaron a la forma que utilizaba tu padre, el final no era perfecto, pero era el inicio de tus movimientos lo que me resultó familiar –

En serio maestro?–

Por eso debes sentirte bien Sigfried, tal parece que serás del estilo Draiden –

Draiden…? –

“Deja que te explique, sin importar la escuela a la que el caballero pertenezca, existen solamente seis clases de estilos diferentes a los cuales el aprendiz puede amoldarse, estos estilos no están delimitados únicamente por el carácter del caballero, sino también por sus habilidades y capacidades físicas. Es algo complicado, pero tratare de resumírtelo un poco. Los seis estilos se dividen primero de acuerdo a la mentalidad del caballero, es decir, ataque o defensa. Los tres estilos de ataque son: Doppel para velocidad, Dassel para la fuerza y Jolt para la agresividad. Para la defensa existen sus contrapartes que son: Gaudi para el balance, Grisso para el control; aunque no es casualidad que se le haya llamado así en honor al dios Grisso, este estilo es de los más complicados de aprender, pero para aquellos que le dominaron, difícilmente alguien pudo hacerles frente; y por último Draiden para el contraataque, el cual es tu caso sino me equivoco.

Estas seis clases son llamadas a su vez estilos puros; y por cada estilo puro existen dos descendientes o variantes, con excepción del estilo Gaudi, que únicamente posee una variante, el caballero bien puede convertirse en maestro de un estilo puro, o evolucionar a los estilos descendientes, pero de ellos te contaré más adelante.”

Qué estilo es ud. Maestro? –

Bueno, yo soy del estilo Gaudi, aunque me especialice en la descendencia Rappel –

Y eso que quiere decir? –

Quiere decir que tengo la capacidad para combinar la espada con las artes mágicas –

Magia? Se refiere ud. a la magia que se cuenta en las leyendas? –

Bueno, no ese tipo de magia. Es una historia bastante larga, pero puedo decirte que gracias al estilo que poseo puedo cortar todo tipo de metal, incluso roca o diamante, aunque no sea propiamente un mago, si puedo atribuirle a mi espada la capacidad de cortar cualquier cosa –

Existe alguien como ud? –

Si. El capitán de los trece fue quien inventó ese estilo y fue él mismo quien creó la variante. Nunca existió alguien que pudiera comparársele –

Ni siquiera ud. maestro? –

Así es, ni siquiera yo Sigfried –

1 comentarios:

raven dijo...

Que tal?... que gusto volver a leer otra entrada de vuestra historia, lo cual me dejo intrigada , ya que la anterior entrada me dejo buen sabor de boca y ahora bruscamente cortas todo lazo de imaginacion en los primeros parrafos...ufff que trágico suceso...
Esta excelente la clasificacion de los estilos de combate,¿ los creaste tu? o de donde te inspiraste?.. Que bueno leer que por fin el buen Sig sale de esa tormentosa con una enseñanza razonable, muy buenas frases..

saludos